El apagón masivo en España del pasado abril dejó una cicatriz que aún se nota. Durante horas, el país se paralizó: trenes detenidos, hospitales en modo emergencia y millones de hogares sin luz.
Cinco segundos bastaron para que desapareciera más de la mitad de la energía del sistema. ¿Podría repetirse algo así? La respuesta, según los expertos, no es tranquilizadora.
Red Eléctrica lanza la alerta: España, ante el riesgo de otro gran corte de luz
El 28 de abril de 2025, un fallo súbito en la red eléctrica afectó a toda la península ibérica. En cuestión de segundos, unos 15 gigavatios —el 60 % de la demanda en ese momento— se evaporaron del sistema, provocando un colapso sin precedentes.
Aunque las investigaciones apuntan a un desequilibrio técnico entre la red española y la francesa, las causas exactas siguen sin aclararse. Red Eléctrica de España (REE) descartó un ciberataque, pero el Gobierno no ha cerrado del todo esa hipótesis.

El apagón reveló lo que muchos ingenieros advertían: la red eléctrica española, en plena transformación hacia las energías renovables, está operando al límite de su estabilidad.
🔍 Los nuevos avisos: la tensión crece
Desde entonces, los informes técnicos se acumulan. En las últimas semanas, REE ha detectado variaciones bruscas de tensión que, aunque dentro de los márgenes permitidos, podrían desencadenar desconexiones automáticas en cadena.
“Estamos ante un sistema mucho más complejo, más limpio, pero también más frágil”, admiten fuentes de la compañía.
El problema se agrava porque el 83 % de las redes de distribución ya están saturadas, según datos de la CNMC. Esto impide conectar nuevas industrias o parques renovables sin reforzar previamente la infraestructura.
Además, España tiene una de las tasas de interconexión más bajas de Europa. En caso de fallo, el país no puede importar energía suficiente de sus vecinos para estabilizar la red. Una “isla eléctrica” vulnerable en pleno siglo XXI.
Las renovables: bendición y desafío
La transición energética es imparable, pero no exenta de riesgos. La generación fotovoltaica y eólica —intermitente y dependiente del clima— ha sustituido parte de la producción térmica y nuclear que aportaba inercia al sistema.
Sin esa inercia, cualquier desequilibrio se amplifica. Si varias plantas solares o parques eólicos se desconectan al mismo tiempo, el sistema pierde frecuencia y puede colapsar.
Red Eléctrica insiste en que no se trata de frenar la transición verde, sino de acompañarla con tecnologías de respaldo: baterías de almacenamiento, control de tensión en tiempo real y mayor flexibilidad operativa.
Qué se está haciendo (y qué no)
Tras el apagón, el operador ha pedido cambios urgentes a la CNMC para actualizar los procedimientos de seguridad. Entre ellos, obligar a los generadores a reservar capacidad de emergencia y mejorar el control de frecuencia en tiempo real.
Sin embargo, los expertos señalan que las soluciones avanzan más despacio de lo que exige la situación. Aumentar la interconexión con Francia, desplegar almacenamiento a gran escala y reforzar los nudos críticos de la red son medidas pendientes desde hace años.
Un informe europeo publicado en septiembre ya advertía que España y Portugal figuran entre los países con mayor riesgo de apagones en Europa occidental, especialmente en periodos de alta demanda o inestabilidad climática.
¿Podría repetirse un apagón masivo?
Los analistas coinciden: el riesgo no es inminente, pero las condiciones que lo provocaron siguen presentes.
Basta una combinación adversa —una caída súbita de generación, un pico de consumo y una falla en la red de transporte— para que se repita el escenario del pasado abril.
El sistema está mejor vigilado, sí, pero la seguridad depende de decisiones que aún no se han tomado. Cada día de retraso en modernizar la red es un día más cerca de otro colapso.
España no puede permitirse otro apagón
El “gran apagón” ya no es una teoría apocalíptica, sino un recuerdo reciente. Y aunque nadie puede prever cuándo ocurrirá el próximo incidente, los técnicos lo tienen claro: la resiliencia eléctrica del país necesita una actualización urgente.
Sin planificación, inversión y coordinación real, España podría volver a quedarse a oscuras, esta vez durante más tiempo y con consecuencias económicas mucho más graves.