Cajón desastre

La política del torso desnudo: atención, escándalo y doble rasero

La imagen del alcalde de Ourense posando en la nieve con el pecho descubierto no fue una anécdota menor ni un simple gesto personal compartido en redes sociales.

Fue, sobre todo, un fenómeno comunicativo. La fotografía superó el millón de visualizaciones y generó una cascada de reacciones que van desde la simpatía hasta la indignación. El propio regidor no solo asumió el impacto, sino que lo explicó sin ambages: la atención es un recurso político.

La política del torso desnudo: atención, escándalo y doble rasero

La pregunta de fondo no es tanto por qué el alcalde decidió publicar esa foto, sino por qué a parte de la sociedad le molesta, y a otra no, que un cargo público lo haga.

La política del torso desnudo: atención, escándalo y doble rasero
Foto: Gonzalo Pérez Jácome

El cuerpo como escándalo (selectivo)

Una de las claves del debate está en el contexto. El alcalde se pregunta por qué mostrar el torso en un descampado nevado escandaliza, mientras que hacerlo en una piscina resulta socialmente aceptable. La cuestión es pertinente. No hay ilegalidad, no hay contenido ofensivo ni vulneración institucional evidente. No es una foto de un acto oficial ni sustituye a una comunicación institucional. Es una publicación personal, aunque realizada por alguien que no deja de ser alcalde las 24 horas del día.

Aquí aparece el primer doble rasero: el cuerpo solo incomoda en determinados escenarios y cuando lo exhibe determinada persona. La reacción no se explica únicamente por la imagen, sino por quién la protagoniza. La tolerancia hacia la excentricidad varía según el personaje, su estilo previo y, en muchos casos, la predisposición ideológica del observador.

¿Humanizar o frivolizar la política?

Quienes defienden este tipo de publicaciones argumentan que humanizan al cargo público, lo acercan a la ciudadanía y rompen con una política excesivamente encorsetada. Quienes las critican sostienen lo contrario: que banalizan la función institucional y desplazan el foco de lo importante hacia lo superficial.

Ambas lecturas son legítimas. Lo relevante es reconocer que la foto no es inocente en términos comunicativos. El propio alcalde lo admite: el objetivo era llamar la atención, generar conversación y ocupar espacio en el debate público. Y lo consiguió.

El “ruido” como estrategia consciente

¿Está bien que un responsable político actúe sabiendo que va a generar ruido? Depende de dos factores clave. Primero, de si ese ruido sustituye o tapa la gestión. Segundo, de si se utiliza como cortina de humo o como amplificador.

El regidor defiende la segunda opción: que hablen de uno, aunque sea por algo superficial, permite que luego me escuchen en lo importante. Es una lógica plenamente alineada con la política en la era de las redes sociales, donde la visibilidad precede al mensaje y donde el silencio equivale, muchas veces, a la irrelevancia.

La atención, efectivamente, es un capital político. El problema no es usarla, sino agotarla en lo trivial o abusar de ella hasta convertir la política en un espectáculo permanente.

Lo que realmente nos incomoda

Quizá la foto molesta menos por el torso desnudo que por el espejo que nos pone delante. Nos recuerda que la política ya no se juega solo en plenos, presupuestos o ruedas de prensa, sino también en algoritmos, impactos y viralidad. Y eso incomoda a quienes prefieren una política solemne, pero también a quienes desconfían de cualquier gesto que se salga del guion tradicional.

En última instancia, la pregunta no debería ser si un alcalde puede publicar una foto así, sino si, más allá del ruido, hay contenido, gestión y resultados. Si los hay, la foto quedará como una anécdota viral. Si no, como una distracción.

Porque la atención amplifica, sí. Pero solo amplifica lo que ya existe.

Botón volver arriba