La hostilidad contra los therians pone en entredicho los valores de inclusión de nuestra sociedad actual.
Los therians, personas que se identifican espiritual o psicológicamente con animales, enfrentan una ola de odio organizado que trasciende las pantallas.
Análisis del acoso social hacia la comunidad therian
Lo que comenzó como una subcultura en internet ha derivado en encuentros públicos donde centenares de personas acuden con el único fin de humillar y burlarse de este colectivo.

La brecha entre el discurso y la realidad
Resulta paradójico que, en una era que presume de diversidad, se normalice el acoso hacia quienes expresan su identidad de forma no convencional. Las redes sociales se han convertido en un campo de batalla donde las amenazas de muerte y los comentarios degradantes son constantes. Esta situación refleja una intolerancia latente hacia lo que se percibe como «extraño», rompiendo el pacto de respeto que supuestamente rige nuestra convivencia.
¿Nos estamos excediendo como sociedad?
La respuesta corta es sí. Cuando el ocio de una multitud consiste en asistir a eventos para mofarse de un grupo vulnerable, la sociedad ha cruzado una línea ética peligrosa. El acoso sistemático no es una opinión, es una forma de violencia que busca deshumanizar al otro. No se trata de compartir o entender la visión de los therians, sino de garantizar el derecho fundamental a la integridad física y moral de cualquier individuo.
Hacia una solución basada en el respeto
Ante esta situación, el camino a seguir es la educación en la empatía. Debemos entender que la identidad ajena no requiere nuestra validación para ser respetada. Como sociedad, el paso necesario es la denuncia firme del hostigamiento y la implementación de límites claros ante el discurso de odio. La verdadera tolerancia se mide por cómo tratamos a quienes son más diferentes a nosotros, no a quienes se ajustan a nuestra norma.

