Una reflexión incómoda para un problema que sigue muy presente
Decir “no quiero celebrar el 25N” puede sonar provocador o incluso insensible. Pero quienes sostienen esta afirmación no niegan la violencia machista, sino que rechazan la idea de convertir el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en un ritual vacío, repetido cada año sin cambios estructurales profundos.
La cara oculta del 25N: más allá de los actos simbólicos
Son voces críticas que advierten de varios riesgos:
- Que el 25N se convierta en un acto institucional obligatorio, con discursos protocolarios pero poca acción real.
- Que el negacionismo siga creciendo mientras la sociedad aparenta normalizar la jornada.
- Que exista una brecha entre los actos simbólicos y las políticas efectivas de protección, prevención y recursos para las víctimas.
- Que la conmemoración tranquilice conciencias sin abordar las raíces estructurales de la violencia.

Para estas personas, no se trata de dejar de denunciar la violencia, sino de evitar que el 25N se transforme en un gesto simbólico carente de impacto.
El origen del 25N
La fecha del 25 de noviembre se eligió para recordar el asesinato de las hermanas Mirabal, activistas dominicanas asesinadas en 1960 por la dictadura de Trujillo. Su lucha y su muerte se convirtieron en un símbolo contra la violencia hacia las mujeres.
Más tarde, los movimientos feministas latinoamericanos escogieron este día como jornada de denuncia, y finalmente la ONU la reconoció como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
El espíritu con el que nació esta efeméride fue claro desde el inicio: no celebrar nada, sino visibilizar, denunciar y movilizar.
¿Por qué el 25N es más necesario que nunca?
A pesar de años de concienciación, campañas institucionales y avances legislativos, los datos revelan que la violencia machista sigue siendo una realidad cotidiana en España.
1. Asesinatos machistas
Cada año decenas de mujeres son asesinadas por sus parejas o exparejas. La cifra acumulada desde que existen registros oficiales supera las mil víctimas. A ellas se suman víctimas menores y centenares de huérfanos que quedan tras los feminicidios.
2. Denuncias y víctimas identificadas
Miles de mujeres presentan denuncias anualmente por violencia de género.
La mayoría tienen entre 30 y 44 años, aunque se observa un creciente número de casos entre jóvenes y adolescentes. Muchas requieren órdenes de protección o medidas cautelares, una muestra clara del riesgo real al que están expuestas.
3. Violencias que se transforman
La violencia machista ya no se manifiesta solo en agresiones físicas. Hoy abarca:
- violencia psicológica
- violencia sexual
- violencia económica
- control coercitivo
- violencia digital y ciberacoso
- violencia institucional cuando fallan los mecanismos de protección
Las nuevas herramientas tecnológicas y los cambios sociales han ampliado los escenarios donde se ejerce esta violencia.
4. El avance del negacionismo
Otro problema creciente es la expansión de discursos que niegan o minimizan la violencia de género. Estos mensajes erosionan la confianza de las víctimas, dificultan la denuncia y favorecen un clima social que resta gravedad a la violencia machista.
5. Falta de recursos y protección desigual
Aunque existen mecanismos legales avanzados, las asociaciones especializadas señalan carencias en:
- atención psicológica prolongada
- acceso ágil a vivienda de emergencia
- ayudas económicas suficientes
- formación en igualdad
- sistemas de control efectivos para agresores
Cada fallo institucional puede convertirse en un riesgo añadido para una víctima.
No se celebra: se lucha
Quienes afirman que no quieren “celebrar” el 25N no están negando su importancia. Lo que reclaman es que no hay nada que festejar mientras siga habiendo mujeres asesinadas, mientras miles de víctimas conviven con el miedo y mientras persistan discursos que banalizan o niegan la violencia.
El 25N no es un día para aplaudir avances, sino para:
- exigir más recursos
- reforzar la prevención
- denunciar el negacionismo
- apoyar a las víctimas
- combatir la violencia en todas sus formas
- recordar a quienes ya no están
Es una jornada de memoria, de acción y de responsabilidad colectiva.