La división entre suníes y chiíes representa el cisma más antiguo y profundo del islam, una fractura que hoy, en marzo de 2026, ha dejado de ser una disputa teológica para convertirse en el motor de una escalada bélica sin precedentes en Oriente Medio.
Comprender esta dualidad es esencial para descifrar las alianzas y los conflictos que amenazan la estabilidad global.
Suníes y chiíes: la fractura histórica que define el tablero de 2026
La fractura nació tras la muerte del profeta Mahoma en el año 632 d.C. La ausencia de un sucesor designado dividió a la comunidad en dos visiones políticas:
- Los Suníes: Sostenían que el líder debía ser elegido por consenso. Apoyaron a Abu Bakr, suegro del Profeta. Representan hoy aproximadamente el 85-90% de los musulmanes.
- Los Chiíes: Defendían que el liderazgo debía seguir el linaje familiar de Mahoma, apoyando a su yerno y primo, Alí ibn Abi Tálib.

El conflicto se selló con sangre en la batalla de Karbala (680 d.C.), donde el nieto del Profeta, Husayn, fue martirizado. Este evento es el núcleo emocional del chiismo, conmemorado en la festividad de la Ashura como un símbolo de resistencia contra la opresión.
Diferencias, semejanzas y figuras clave
Ambas ramas comparten los cimientos de la fe: el Corán, los cinco pilares del islam y la dirección del rezo hacia La Meca. Sin embargo, su estructura de autoridad difiere:
- Jerarquía: El chiismo posee una estructura clerical organizada (Ayatolas), mientras que el sunismo es más descentralizado.
- Imanes: Para los suníes, el imán es un guía de oración; para los chiíes, son figuras inspiradas divinamente.
- Personajes: Figuras como Abu Bakr (suní) y Alí o Jomeini (chiíes) han marcado el rumbo político de sus respectivas corrientes.
Situación actual: Oriente Medio en llamas (Marzo 2026)
Lo que históricamente fue una rivalidad doctrinal se ha transformado en una «Guerra Fría» regional entre la potencia suní, Arabia Saudí, y el eje chií liderado por Irán. En los últimos días de marzo de 2026, esta tensión ha alcanzado un punto crítico tras la muerte del Líder Supremo iraní, Ali Jamenei, en una operación conjunta de Estados Unidos e Israel.
El «Arco Chií» bajo ataque
Tras el vacío de poder en Teherán, el grupo chií libanés Hezbolá ha lanzado ataques masivos de represalia contra Israel, provocando una invasión terrestre israelí en el sur del Líbano que ya suma más de 500.000 desplazados. Simultáneamente, las milicias chiíes en Irak han intensificado su acoso a bases internacionales, convirtiendo al país en un campo de batalla donde la población civil vuelve a sufrir el sectarismo.
El frente del Golfo y Yemen
La respuesta iraní no se ha limitado al Levante. En la última semana, Irán ha lanzado drones y misiles contra Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Kuwait, acusándolos de complicidad. Riad ha condenado estos ataques como «imprudentes» y reivindica su derecho a defender su soberanía, lo que aleja cualquier esperanza de paz en Yemen, donde los rebeldes hutíes (chiíes) mantienen el control del norte frente a la coalición suní.
La mayoría de los musulmanes brega por la paz, pero cuando lo religioso se utiliza como arma geopolítica, el margen para el diálogo desaparece.

