Colaboraciones

Un trilingüismo inexistente: reflexión sobre la enseñanza de lenguas

Un trilingüismo inexistente: reflexión sobre la enseñanza de lenguas. Artículo de Helena Iglesias Rodríguez.

Vivimos en una sociedad globalizada en la que el conocimiento de idiomas constituye una herramienta esencial para la comunicación, el comercio y la cooperación internacional.

Un trilingüismo inexistente: reflexión sobre la enseñanza de lenguas

El dominio del inglés, en particular, se ha convertido en una competencia básica. Sin embargo, cabe plantearse una cuestión fundamental: ¿estamos formando realmente alumnos competentes? ¿Pueden nuestros estudiantes comunicarse con solvencia en contextos reales?

Tras diecinueve años de experiencia en el ámbito educativo —en academias, colaboraciones con ayuntamientos, clases particulares, gestión de un centro propio y actualmente en la educación pública— he podido observar fortalezas, pero también importantes carencias estructurales.

A lo largo de este análisis expongo una reflexión desde tres perspectivas: mi experiencia profesional, la
experiencia personal en la educación lingüística de mi hija y las opiniones recogidas de docentes especialistas y auxiliares de conversación.

Experiencia profesional: carencias estructurales

Mis inicios profesionales se desarrollaron en el ámbito privado y en programas de refuerzo educativo municipales dirigidos a alumnado con necesidades académicas y económicas. En esos contextos se evidenciaban dos problemas recurrentes: la falta de personal con formación pedagógica específica y una orientación más asistencial que verdaderamente educativa.

Con el tiempo, al asumir mayores responsabilidades, constaté que muchos programas priorizaban la
cobertura del servicio frente a la calidad pedagógica. Grupos excesivamente numerosos, ausencia de
materiales adecuados y limitaciones presupuestarias dificultaban una enseñanza eficaz. En numerosas ocasiones, el profesorado debía adquirir o elaborar sus propios recursos.

La enseñanza de idiomas exige condiciones específicas: grupos reducidos, exposición constante al
idioma y materiales adaptados. No obstante, las ratios elevadas y la escasa inversión dificultan la consecución de estos objetivos. Asimismo, la inestabilidad laboral y las condiciones horarias del sector privado complican la consolidación de equipos docentes cualificados.

El marco normativo y la insuficiencia horaria

En el ámbito de la educación pública, la normativa vigente establece una carga horaria limitada para
la lengua extranjera. En Educación Infantil, la exposición al inglés suele reducirse a una hora semanal; en los primeros cursos de Primaria, a dos horas; y posteriormente, a tres horas, con posibles ampliaciones en centros plurilingües.

Desde una perspectiva pedagógica, esta carga horaria resulta insuficiente para alcanzar una competencia comunicativa sólida. La adquisición de una lengua extranjera requiere continuidad, práctica y uso funcional en contextos variados.

Una experiencia personal: inmersión lingüística

La experiencia educativa con mi hija confirma esta premisa. Desde edades tempranas estuvo expuesta al inglés a través de contenidos audiovisuales en versión original y de interacción con hablantes nativos. Posteriormente, fue escolarizada en un centro con una fuerte presencia del inglés en el currículo, incluyendo asignaturas troncales impartidas en esta lengua.

Un trilingüismo inexistente: reflexión sobre la enseñanza de lenguas

El resultado ha sido un dominio avanzado del idioma, cercano al bilingüismo funcional. Este proceso no se ha basado exclusivamente en el estudio gramatical, sino en la exposición constante, la interacción y la naturalización del uso del idioma en contextos cotidianos.

La perspectiva del profesorado

Al dialogar con docentes especialistas en lengua inglesa, emergen preocupaciones comunes:

  • Insuficiente conexión real con el idioma fuera del aula.
  • Escasa motivación del alumnado.
  • Ratios elevadas que dificultan la atención individualizada.
  • Excesiva carga burocrática.
  • Enfoque metodológico centrado en la gramática más que en la competencia comunicativa.

Muchos especialistas atienden a múltiples niveles educativos dentro del mismo centro, lo que multiplica la preparación de materiales y reduce el tiempo disponible para la innovación metodológica. A ello se suma la creciente diversidad del alumnado y la falta de apoyos específicos en la materia de inglés para estudiantes con necesidades educativas especiales.

El aprendizaje significativo requiere práctica oral constante. Sin embargo, con grupos de 20 o 25 alumnos, el tiempo efectivo de intervención individual resulta mínimo. Una enseñanza verdaderamente competencial demandaría ratios considerablemente más reducidas.

Auxiliares de conversación: expectativas y realidad

Los auxiliares de conversación constituyen un recurso valioso como complemento lingüístico. No obstante, la falta de directrices claras y, en ocasiones, de formación pedagógica limita su impacto. Desde su propia perspectiva, muchos coinciden en señalar que el sistema prioriza la memorización gramatical frente a la práctica oral y el aprendizaje lúdico. Asimismo, subrayan la necesidad de trabajar la fonética desde edades tempranas y en grupos reducidos que permitan la participación activa de todo el alumnado.

Reflexión final

Si aspiramos a un verdadero trilingüismo —especialmente en comunidades bilingües— es necesario replantear diversos aspectos del sistema:

  • Reducción de ratios.
  • Incremento de la carga horaria en lengua extranjera.
  • Enfoque metodológico centrado en la comunicación oral.
  • Mayor coordinación con las familias.
  • Disminución de la burocracia para favorecer la innovación docente.

La implicación familiar también desempeña un papel determinante. Acciones cotidianas como el consumo de contenidos audiovisuales en versión original, la escucha de música en inglés o la asistencia a actividades culturales en esta lengua contribuyen significativamente al aprendizaje.

En definitiva, el trilingüismo real no se alcanza únicamente mediante declaraciones institucionales o certificaciones formales, sino a través de una estrategia coherente, sostenida y estructural que combine recursos adecuados, metodología comunicativa y compromiso compartido entre escuela, familia e instituciones.

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