Colaboraciones

O Aturulo, o Silbo e o Brinco na Ribeira

Artículo de Jose Antonio Regueiro Docampo (José de Viñoás).

Antropología viva de la Iberia Atlántica

​La geografía impone la necesidad, y la necesidad esculpe la cultura, el cuerpo y el lenguaje. En la antropología viva de la Iberia Atlántica, el aturulo y el silbo emergen como monumentos fonéticos de esta ley inmutable.

O Aturulo, o Silbo e o Brinco na Ribeira

Resulta estéril comparar la llanura costera o el bajo relieve de las Rías Baixas con la majestuosa e imponente verticalidad de los cañones del Miño y del Sil. Este patrimonio vivo debe custodiarse para comprender el lenguaje gallego desde la raíz de su propia tierra, lejos de la uniformidad abstracta de un despacho normativo.

​La diferencia antropológica: Aturuxo frente a Aturulo

  • El Aturuxo (Costa Atlántica Occidental y Rías Baixas): Es un grito eminentemente corto en el tiempo, emitido principalmente desde la garganta. Al desarrollarse en zonas de bajo relieve y horizontalidad costera, no requiere de una gran capacidad pulmonar ni de un esfuerzo sostenido, ya que el sonido no tiene que vencer grandes barreras geográficas.
  • El Aturulo (Interior de los ríos y cañones de las Ribeiras del Sil y del Miño): Es un grito de resistencia, potencia y comunicación ecótona. Nace al calor del hogar (o lar), pero se proyecta para desafiar la verticalidad de la roca y los abismos de los cañones fluviales. Para que un aturulo cruce de una orilla a otra del Sil, del Búbal, del Mao, del Miño o del Lor, y se escuche a kilómetros de distancia, el ribereño necesita inflar el pecho, ensanchar el pulmón y emitir un sonido potente, largo, sostenido y desgarrador, capaz de hacer temblar los acantilados.
O Aturulo, o Silbo e o Brinco na Ribeira

​Las telecomunicaciones de la piedra

​En una época desprovista de tecnologías contemporáneas, el aturulo y el silbo ribereño eran las verdaderas herramientas de comunicación entre vecinos separados por el abismo de los cañones. Al igual que el silbo gomero en Canarias —el cual no es exclusivo de dicho archipiélago, como erróneamente se cree—, los habitantes de la Rovoyra Sacrata dominaron el arte de modular el aire para transmitir mensajes de ladera a ladera. Este hecho demuestra el ingenio milenario de un pueblo que conquistó la pendiente y la roca, mediante un sistema igual o quizá más antiguo que el de otros reductos ibéricos.

​Este sistema representa una profunda simbiosis entre el ser humano y el paisaje en la Galicia central más profunda. Allí, el desnivel provocado por los cauces de infinidad de riachuelos y de grandes ríos —como el Sil, el Bibei y el Miño, seguidos por ríos de menor caudal como el Búbal, el Cabe, el Lor, el Mao y el Navea— configuró una cultura de la distancia física vencida por el ingenio acústico. La antropología del aturulo y del silbo analiza este fenómeno no solo como una curiosidad fonética, sino como una herramienta de adaptación ecológica, un pilar de identidad comunitaria y un caso paradigmático de resistencia cultural.

​El Silbo Ribereño y el Determinismo Ecológico

​El silbo en estas tierras de bocarribeira nació como respuesta a una orografía heroica y al aislamiento geográfico. Cruzar el río en barca o a pie de una aldea a otra, a escasos kilómetros de distancia lineal, podía requerir horas de penoso descenso y ascenso; un abismo que, en ocasiones, el ribereño salvaba mediante el brinco.

El Brinco Ribereño: La abrupta topografía obligó a los habitantes del mundo rural a desarrollar técnicas de desplazamiento para superar obstáculos como grandes socalcos (bancales de viñedos), sotos, regatos y laderas. Así surgió el salto del ribereño, ejecutado mediante una vara larga de madera (estaca o vara) provista, según la necesidad, de una punta de metal (corvello o ferrelo). Esta herramienta permitía sortear accidentes geográficos con agilidad felina.

​El silbo ribereño, como lenguaje silbado de estas tierras ancestrales, reúne todos los méritos para ser acogido como Patrimonio Cultural Inmaterial debido a dos factores antropológicos:

  • Acústica del paisaje: El aturulo y el silbo aprovechan el eco y la reverberación de las paredes rocosas, permitiendo transmitir mensajes perfectamente legibles a una distancia de entre 4 y 5 kilómetros.
  • Optimización de recursos: Desde la perspectiva funcionalista, representa una estrategia eficiente de supervivencia que permitía coordinar actividades colectivas sin necesidad de desplazamientos físicos extenuantes.

​Origen, transculturación y resistencia lingüística

​El silbo de Nogueira de Ramuín y de estas comarcas es el reflejo vivo de la hibridación cultural de la Rovoyra Sacrata.

  • La raíz profunda: Las investigaciones apuntan a un origen vinculado a los marcadores genéticos y culturales de los navegantes mediterráneos y del norte de África que, desde los albores del Homo sapiens, alcanzaron estas costas. Aquellos pioneros ya empleaban lenguajes de gritos potentes y silbidos en sus tierras de origen para comunicarse en entornos hostiles.
  • Adaptación fonética: Tras la doma y castración del Reino de Galicia e invasión castellana derivada de las guerras de Isabel la Católica contra su sobrina Juana la Beltraneja, y la posterior implantación de la gramática de Antonio de Nebrija, el castellano se superpuso y compartió espacio con el gallego. La estructura técnica del aturulo y del silbo sobrevivió al adaptarse fonéticamente a la nueva lengua. El silbo ribereño no es un código cerrado de señales; es la reproducción física de las vocales y consonantes, tanto del gallego como del castellano, a través de variaciones tonales y de frecuencia.

​Cohesión social y el proceso de patrimonialización

​Históricamente, estos fenómenos se estructuraron en torno a las formas de vida rurales tradicionales: el pastoreo, la labranza y la viticultura heroica. Eran oficios donde resultaba imprescindible controlar el ganado a distancia o avisar a un vecino sobre las condiciones del trabajo (si el jornal era a secas o a mantenidas), así como alertar sobre accidentes, emergencias o la llegada de forasteros.

​A finales del siglo XX, el declive de la sociedad agraria, el éxodo rural y la irrupción de la telefonía móvil empujaron al aturulo y al silbo al borde de la extinción. Su supervivencia futura dependerá del rigor y el amparo institucional de entidades como la Universidade de Santiago de Compostela.

Durante décadas, estos lenguajes sufrieron el estigma de ser asociados a la pobreza o al analfabetismo rural. La antropología contemporánea tiene el deber de analizar cómo este antiguo prejuicio se ha transformado hoy en un símbolo de orgullo, resistencia y dignidad identitaria en las tierras hoy silenciosas de la Galicia vaciada.

Jose Antonio Regueiro Docampo  (José de Viñoás)

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