La Costria: ¡un lugar en la Rovoyra Sacrata!
Texto de José Antonio Regueiro Docampo (José de Viñoás).
La Costria (Galicia, Siglo XX): La destrucción de un patrimonio natural milenario
Un lugar bañado por las aguas transparentes y cristalinas del Rigueiro de Santa Marta, que se entrega mansamente en ese lugar al gran río Miño; ¡un lugar donde moran las ninfas de Homero!

«Creció alrededor de la gruta un espeso bosque de alisos, chopos y olorosos cipreses, donde anidaban aves de luengas alas… Allí mismo, alrededor de la profunda gruta, se extendía una vigorosa viña cargada de racimos; y cuatro fuentes corrían seguidas con agua cristalina, enderezadas cada una hacia un lado. Alrededor florecían suaves prados de apio y violetas. Al llegar allí, hasta un inmortal se habría admirado de verlo y se le habría alegrado el corazón.»
«Y, si lo deseas, te enumeraré los árboles que una vez me regalaste en este bien cultivado huerto: pues yo, que era niño, te seguía y te los iba pidiendo uno tras otro; y, al pasar por entre ellos, me los mostrabas y me decías su nombre. Fueron trece perales, diez manzanos y cuarenta higueras; y me ofreciste, además, cincuenta liños de cepas, cada uno de los cuales daba fruto en diversa época, como que hay aquí racimos de uvas de todas clases cuando los hacen madurar las estaciones que desde lo alto nos envía Jove [Zeus].»

Un lugar donde Anacreonte, el poeta del vino y del amor, posiblemente se inspiró para escribir sus mejores poesías y sus mejores versos:
«¡Ea, muchacho, tráenos una copa, para que me la beba de un trago! Vierte diez cazos de agua y cinco de vino, para que de nuevo, sin caer en la insolencia, celebre yo a Dioniso. (…) ¡Ea, de nuevo, no practiquemos así, con griterío y alboroto, la costumbre escita de beber; sino que bebamos acompañados de hermosos himnos!»
Un lugar donde abundan los bosques, donde resaltan los hermosos colores de la Ribera. Donde el rey suevo Carriarico se detuvo a descansar para después continuar hasta la cercana y antigua Áurea, donde hizo una catedral. Un lugar visitado por Teresa, reina de Portugal, a la cual se debe el primer documento firmado en Allariz junto con el conde de Traba, donde dan nombre a la Rovoyra Sacrata. Un sagrado lugar por donde caminaba Benito Jerónimo Feijoo desde su pueblo natal en Casdemiro hasta el cercano monasterio de San Esteban de Ribas do Sil. Un lugar donde los hermanos Peleteiro —religiosos y fieles devotos: Manuel, Consuelo, Benito y Carlos—, naturales de A Ferreirúa Nova, jugaron siendo niños.
Historia de un templo mariano y sus feligresías
Un lugar donde fue construido un templo mariano que en un principio perteneció a la feligresía montañesa de San Juan de Moura, con la participación de la feligresía ribereña de Celaguantes. Pero al formarse la parroquia de Viñoás y separarse de las montañesas San Martiño de Nogueira y San Juan de Moura, La Costria y todo su entorno —incluidos los fértiles lugares agrícolas bañados por el Rigueiro de Santa Marta, donde hubo una ermita dedicada a Santa Marta (por lo que el arroyo lleva su nombre)— pasó a pertenecer a la feligresía ribereña de Santa María de Viñoás. A día de hoy, también siguen simpatizando con el lugar y venerando a la Virgen que tiene al Niño en su regazo los miembros de la nueva feligresía de Los Peares.
En ese lugar hermoso y singular, desde tiempos que se pierden en la memoria, a finales de agosto comenzaba una novena a la Virgen de La Costria que culminaba con una romería el día 8 de septiembre. Antaño, el templo estaba situado a la orilla del río Miño, y entre el río y la ermita, frente a la puerta, había dos sepulturas. Según hablaban las gentes del lugar, parece ser que allí, a la orilla del río, aparecieron dos personas ahogadas a las que arrastraron las corrientes de las aguas del propio río.
También las mismas gentes del lugar y alrededores dicen que posiblemente fuesen dos personas de Santa Baia, parroquia de Celaguantes, o incluso de la de Beacán, al otro lado del río frente a la ermita. Como fuese, allí estaban dos sepulturas y varias antiguas cuadras campestres de mampostería seca, ya patrimonio y propiedad de los lugareños, que no fueron reconstruidas.
El impacto brutal y la destrucción del patrimonio natural milenario
El propio templo se encontraba en aquel lugar ¡¡¡hermoso!!! e ¡¡¡inigualable!!! a la orilla del río Miño, los cuales no fueron respetados ni protegidos: primero por las malas gestiones políticas, y segundo por el poco entusiasmo de protección de la confederación hidrográfica y de los responsables de medio ambiente de aquellos momentos. Por esa nefasta y brutal política fue destruido, a escasos metros de La Costria, el manantial y la fuente de O Corval, de agua muy fría pero cristalina, de sabor muy agradable y refrescante. La cantería era de relieves que unos dicen que eran de estilo corintio y otros que grecorromanos intentaron reconstruirla, pero ya era imposible igualarla ni terminarla.
A escasos metros también de La Costria hicieron desaparecer el pozo de A Cova, o ya ni se ve. A día de hoy, muchos vecinos de los contornos aún recuerdan ver una inmensidad de grandes camiones volquete transportando escombros, peñascos de grandes dimensiones, castaños, robles, cepas y todo tipo de especies vegetales de tiempos centenarios y milenarios, basculando y sumergiéndolos en el propio pozo de A Cova.
Sobre el pozo de A Cova: Era un enorme remolino impresionante, pintoresco pero peligroso dada su potencia al sumergirse el agua en el propio río; según hablaban los viejos, lo exploraron buzos ingleses, los cuales nunca llegaron a dar con el fondo.
El motivo de esa terrible y brutal destrucción del patrimonio en el lugar de La Costria y de la grave modificación orográfica, ecológica y paisajística de las riberas desde el puente romano en la ciudad de Ourense hasta Los Peares fue el traslado geográfico y construcción de la nueva autovía Nacional 120 Logroño-Vigo, que antiguamente transcurría por Castadón, Castro Caldelas, Puebla de Trives, Larouco, A Rúa de Petín, O Barco de Valdeorras y hasta Logroño.
El templo lo reconstruyeron en el actual lugar, que está hoy semienterrado en un hondo separado del río por dicha autovía. Tanta fue la negligencia y el desprecio por ese entorno natural y patrimonial que los lugareños cuentan que no les llegaron los sillares del templo original y los canteros utilizaron alguno que quedó perdido de aquella ¡¡¡hermosa fuente de O Corval!!!
Recuerdos de la romería: el esfuerzo y la música
A pesar de los desastres cometidos, se sigue venerando a la Virgen de La Costria y se celebra una romería (incluida fiesta gastronómica) año tras año cada 8 de septiembre en el propio terreno del templo. A mediados del siglo XX, hasta donde este que suscribe recuerda, la fiesta se hacía por la parte de arriba del templo, en la carretera comarcal 546 Ourense-Lugo (ignoro si la fiesta antiguamente, en tiempos muy remotos, se haría junto a la ermita, allí pegada al río).
Eran tres días de fiesta pero, como en todas las fiestas ribereñas de la zona de la Galicia central o del interior, los ramistas (mayordomos) tenían que trabajar muy duramente cargando en sus hombros pellejos de vino desde donde cada vecino tenía la bodega. En aquel tiempo apenas daban dinero y lo que donaban era vino, por lo que de esa forma los ramistas podían sufragar los tres días de fiesta. (El vino lo cargaban en camiones en A Penalva y en vagones de tren en Los Peares; el vino de los camiones lo vendían para Lugo, Santiago o zonas regionales, pero el de los vagones de tren en Los Peares lo vendían embarcado para las Américas).
La fiesta comenzaba con verbena el día 7 en la misma carretera C546 en A Penalva y en Los Peares, junto a la estación del ferrocarril. El día 8 era el día grande de la fiesta, también en la misma carretera C546 a una mínima distancia del templo; venía gente de sitios muy lejanos cantando y lanzando aturulos…

Reflexión sobre el aturulo: En algunas zonas de Galicia, sobre todo en la costa atlántica, al «aturulo» también le llaman «aturuxo». ¡¡¡El aturulo!!! es un grito muy potente y largo en el tiempo; el aturuxo de la costa atlántica es un grito más débil y más corto. El caso es que aquellas gentes de aquel tiempo lanzaban aturulos diariamente y casi a todas horas, así que en los días de fiesta aquello era tremendo. El aturulo se asemeja al grito de los mexicanos, aunque con distintas variantes; parece o pudiera ser que lo llevó algún gallego de estos lugares de la Galicia central para Nueva España y lo popularizaron en Nueva Galicia, hoy estado de Jalisco.
…Aquellas gentes venían a pie caminando, salvo alguno que tuviera caballo o carromato. Era hermoso ver bajar hacia la ribera de Viñoás a tanta gente de la montaña caminando por aquellos caminos y senderos, cantando y echando aturulos. Al llegar los de la montaña a la ribera, se juntaban montañeses y ribereños y hacían el resto del camino todos juntos cantando y lanzando aturulos hasta llegar a la fiesta en La Costria.
Normalmente era habitual en aquellos tiempos acudir a la romería de La Costria familias completas, desde abuelos hasta nietos. Traían la comida de sus casas, que cocinaban en sus lareiras. Era una inmensidad de gente la que venía desde distintos pueblos de la provincia de Ourense y de la de Lugo; cruzaban los ríos Miño, Sil y Búbal. Había barcas en La Costria, en Los Peares, en A Penalva, en A Pereira y en Reza para cruzar el Miño; también había barcas para cruzar el Sil en toda la zona de Pombeiro, y el río Búbal lo cruzaban por pasarelas normalmente hechas de madera. (Las barcas, aparte de cruzar gente, también servían para pescar, cruzar animales y otras cosas habituales de aquellos tiempos).
El encuentro de gentes ribereñas con montañesas y lugares lejanos
En la romería de La Costria, además de la fiesta, había un lugar de encuentro entre las distintas gentes de la montaña, de las otras parroquias ribereñas y de otros lugares lejanos. El día 8 por la mañana, los ramistas llevaban a los músicos casa por casa de la parroquia. Mientras los músicos dedicaban algunas piezas musicales puerta por puerta a cada vecino, los ramistas no paraban de tirar cohetes; además, regalaban a cada casa un lote de cohetes que, si no los tiraban ese día de la fiesta, los guardaban y por tradición los tiraban delante de la bodega. Al tirar el último cohete, el ribereño cerraba la sesión con un enorme y potente aturulo, y los muchachos del pisado de la uva hacían sonar los embudos: era la señal de que ya habían terminado la vendimia y la cosecha estaba recogida.
Los ramistas y los músicos, después de recorrer toda la parroquia, regresaban a La Costria y la banda completa empezaba a tocar unas piezas. Solía empezar con la alborada, una muñeira, alguna jota y, seguido, entre otras del repertorio: pasodoble, tango, rumba, chachachá, rancheras, guaracha, chotis, bolero, habanera… Y entremedias alguna pieza de concierto como Las bodas de Luis Alonso, La leyenda del beso, El gato montés, Pasodoble Ponteareas o El lago de los cisnes, y zarzuelas como La verbena de la Paloma o Maruxa, etc.
Las bandas habituales solían ser la de Alongos, Lira de Ribadavia, Óleiros, Melias, Vilatuxe, Lalín, Silleda, Monterroso, Vilanova dos Infantes, la de Chantada o la de Pombeiro, entre otras; solo dependía de los ramistas de cada año el elegir y contratar la banda. Después del mediodía, la banda paraba de tocar y cada familia elegía un sitio allí mismo, por las orillas de la carretera y hasta alrededor de la ermita o incluso junto a las orillas del río Miño. En camaradería se comenzaba a comer con vino ribereño de la zona y al ir algo satisfechos, ya empezaban las bromas y los aturulos.
Se acercaban unos vecinos a otros a probar los dulces que con tanto esmero hacían nuestras abuelas en sus casas, el café de tintero/pota, el aguardiente blanca, el vino tostado, el licor café, el aguardiente de hierbas, el aguardiente de cerezas, el aguardiente tostada y distintos licores, todo hecho cada cual en sus casas y en sus bodegas. Se conversaba de las cosas rurales, de la vendimia que ya estaba próxima, de lavar las cubas, de preparar los cestos culeiros, de cuánta gente vendría a la vendimia para cada casa… Y así hasta que volvía a tocar la música, repitiendo y ampliando el repertorio musical.
Tiempos de discordia y misterio
Hacia el final de la tarde, las gentes de los lugares lejanos empezaban a regresar a sus parroquias. La fiesta continuaba hasta el oscurecer allí en La Costria, pero, por capricho o por pique, vino un tiempo en que hubo discordia entre los de Viñoás y los de Los Peares, y decidieron repartir la banda de música: la mitad de los músicos venían a tocar en la verbena a A Penalva, en la parroquia de Viñoás, y la otra mitad tocaban en Los Peares. El tercer día de fiesta, al final de la tarde, los ramistas rifaban algún cabrito, hojas de bacalao, capón, cordero y hasta alguna máquina de coser u otras cosas habituales de aquellos tiempos. Colgaban en el ramo, como era habitual, licores, rosquillas y distintas cosas, y otros nuevos ramistas cogían el ramo.
Pero se repetía la misma situación de aquel pique o discordia que ya venía de atrás en el tiempo: las discusiones por apropiarse los de Los Peares de la conmemoración y los festejos, ya que anteponían que el lugar de La Costria quedaba en los términos geográficos de la nueva parroquia de la Virgen de Los Piares (en castellano: Virgen del Pilar). Cosa con la que los de Viñoás no estaban de acuerdo y no cedían ante semejante pretensión, ya que el templo y el lugar estaban y están en los términos geográficos de la parroquia de Viñoás y en el término municipal del concello de Nogueira de Ramuín.
Las discusiones eran habituales y cada vez más graves y violentas entre los de Viñoás y los de Los Peares. La juventud al completo se iba con la mitad de los músicos para A Penalva, y para Los Peares eran muy pocos los que acompañaban a la otra mitad de la banda. Tanto fue así que, durante varios años, la imagen de la Virgen de La Costria desapareció del templo y nadie sabía qué había pasado.
Había quien decía que había viajado a las Américas y quien comentaba que un famoso equipo de fútbol de la capital de España llevaba la imagen en sus competiciones internacionales. El caso fue que la imagen de la Virgen de La Costria un día volvió a aparecer dentro del templo sin saber ningún vecino por qué había desaparecido ni por qué volvió a aparecer; incluso muchos sospechan y dudan de que sea aquella primera imagen original.
El espíritu inquebrantable de una fiesta viva
Todo ese largo conflicto en el tiempo hizo que los de Los Peares y los de Viñoás perdieran interés en hacer la fiesta en La Costria, pero siguieron venerando a la Virgen de La Costria. Los más fervientes devotos y fieles, como siempre, fueron los de Viñoás, y sobre todo los vecinos de A Penalva y de las dos Ferreirúas, que siempre cuidaron de la ermita, del lugar y del sitio; además, eran los que más propiedades agrícolas tenían allí, en aquel lugar donde el templo pegado al Rigueiro que baja de Santa Marta y pegado al río Miño.
Total, que los de Los Peares decidieron hacer la fiesta junto a la estación del ferrocarril, y los de Viñoás decidieron hacerla en A Penalva. En Los Peares hubo épocas en las que hicieron buenas fiestas, pero unas veces la hacían y otras veces no, y terminaron dejando de celebrar incluso cualquier acontecimiento musical.
Sin embargo, en Viñoás nunca dejaron morir nuestra fiesta de La Costria. Se hacía en la misma carretera en A Penalva, pero hacia los años 57/58 se reunieron toda la juventud y todos los vecinos de la parroquia y, en la parte de arriba de la carretera, arrancaron las cepas, levantaron el muro que divide con la carretera comarcal 546 Ourense-Lugo y prepararon el campo para la fiesta.
Los ramistas pasaron a ser solo de la parroquia de Viñoás, con las mismas costumbres del día 8, aunque con el tiempo cambiaron el día haciendo coincidir la fiesta en fin de semana (el último fin de semana de agosto o primeros de septiembre) y con los mismos trabajos para poder tener la fiesta. El fulión lo tiraban en A Macela al mediodía, y por la noche incluían en el fulión cohetes artificiales de luces; al terminar el fulión con la última bomba, los ramistas, todos juntos y al unísono, lanzaban un enorme y gran aturulo.
A la misa solemne asistíamos con mucha devoción en la iglesia de Viñoás y, al alzar, los ramistas disparaban cohetes y bombas. Subían varios al campanario de la iglesia a repicar sin desmerecer a ninguno, pero el mejor y más habitual era Aquilino da Leira: a pesar de ser sordomudo, repicaba aquellas campanas haciéndolas hablar. Al terminar la misa, la música tocaba unas piezas en Viñoás e, de inmediato, todos para A Penalva a la sesión vermú y a seguir disfrutando de la fiesta en el campo en A Penalva, la cual solo fue suspendida por la pandemia a nivel mundial de este siglo XXI.
Actualmente, a día de hoy, los vecinos tanto de Los Peares como de Viñoás zanjaron y olvidaron aquel conflicto ya lejano en el tiempo. A pesar de la modificación geográfica y de la brutal destrucción natural y patrimonial, se sigue celebrando la novena en el templo reconstruido en su nuevo lugar en La Costria, la cual culmina allí mismo el día 8 de cada septiembre con misa solemne al mediodía y con un compartido y fraternal acontecimiento gastronómico entre ribereños y montañeses, incluidas gentes de lejanos países, que dan a conocer internacionalmente este hermoso lugar y tan hermosa romería.
Así, cada 8 de septiembre, entre el murmullo de las aguas del Miño, el aroma del vino nuevo y el eco vibrante de los aturulos, pareciera que Homero regresa silencioso a visitar a sus ninfas entre los alisos, y Anacreonte vuelve a alzar su copa en honor a Dioniso, celebrando que la vida, la fe y la belleza de La Costria siguen siendo inmortales.
La Costria (Galicia, Siglo XX): La destrucción de un patrimonio natural milenario. Texto de José Antonio Regueiro Docampo (José de Viñoás).

