El constante incremento en el precio del combustible contrasta con un mercado de petróleo en relativa estabilidad, una paradoja que afecta a millones de conductores.
Llenar el depósito de gasolina o diésel cuesta cada semana un poco más en el surtidor.
¡Nos engañan en la gasolinera! La oculta razón por la que pagas el combustible a precio de oro sin que suba el petróleo
Sin embargo, la cotización del barril de crudo Brent se mantiene en un rango contenido tras los últimos picos de volatilidad. Los expertos atribuyen este desacople a múltiples factores económicos, geopolíticos y de distribución.

La evolución del mercado en los últimos meses
En los últimos meses, el barril de petróleo Brent se ha movido en una horquilla de relativa contención, oscilando habitualmente entre los 75 y 85 dólares. Sin embargo, el comportamiento en las estaciones de servicio ha tomado un rumbo ascendente. El precio medio de la gasolina 95 se sitúa en torno a los 1,64 y 1,67 euros por litro, mientras que el diésel ha vuelto a escalar hasta sobrepasar los 1,70 euros por litro en muchas zonas. Esta brecha evidencia que el valor del barril no es el único condicionante de la tarifa final.
¿Qué pagamos exactamente al repostar?
El importe total de la factura en el surtidor se desglosa en varias partidas bien diferenciadas:
- Materia prima y refinado: Supone entre un 35% y un 40% del coste final. Incluye el valor del crudo, la transformación en refinería y el transporte.
- Carga fiscal: Representa aproximadamente el 50% de lo que abona el consumidor. Consta del Impuesto Especial sobre Hidrocarburos (una cuantía fija por litro) y el IVA (21%), que se aplica sobre la suma del coste del producto y el propio impuesto especial.
- Margen de distribución y logística: Oscila entre un 10% y un 15%, destinado a cubrir los costes operacionales de la red de distribución, el almacenamiento y la ganancia de la estación de servicio.
Amenazas geopolíticas y factores de subida
El precio final responde a un escenario internacional convulso. Tensiones geopolíticas como la guerra de Irán o el riesgo constante de un cierre del estrecho de Ormuz —paso estratégico por el que transita cerca del 20% del petróleo mundial— generan una prima de riesgo instantánea. Aunque las interrupciones del suministro no se hayan materializado plenamente, las aseguradoras marítimas y los mercados de futuros elevan de inmediato sus costes preventivos.
A ello se suman las fluctuaciones en el mercado de divisas, donde el euro cotiza frente al dólar, moneda en la que se transacciona la materia prima, reduciendo el margen de compra de los importadores europeos.
El efecto cohete y efecto pluma
La traslación de costes al cliente final muestra una asimetría histórica. Un analista del sector energético recuerda que cuando sube el petróleo la gasolina se dispara, pero al bajar la materia prima los precios descienden muy despacio. Esta dinámica, conocida como el efecto cohete y efecto pluma, prolonga los precios elevados en la red minorista y amplía los márgenes comerciales de las distribuidoras.

