Texto José Antonio Regueiro Docampo.
A los jóvenes que un día buscarán su raíz.
Elegía por la Rovoyra Sacrata: La raíz perdida de la Ribeira Sacra

Hoy el agua corre en silencio, huérfana de vida. En las orillas ribereñas ya no viaja el sábalo, ni danza la trucha, ni se esconde la anguila, ni resiste la milenaria lamprea. El río es ahora un espejo frío que no refleja más que la ausencia.
Si miras al soto, el bosque calla. Se ha apagado el revuelo de la perdiz y el orgullo del urogallo; ya no cruzan la avutarda ni el mingolirón, y el canto limpio del ruiseñor y la alondra se ha ahogado en el olvido. Donde hubo trino y vida, hoy solo muerde la zarza, implacable, cubriendo las ruinas de un patrimonio paisano que se desmorona piedra a piedra.
La tierra se apaga porque su alma se desangra. Los viejos mueren guardando los últimos nombres de los caminos; los jóvenes se fueron, absorbidos por el cemento y la prisa de las ciudades urbanas. Se marcharon buscando el futuro, pero dejaron atrás su raíz.
Llegará el día en que esa juventud, cansada del ruido, sienta el frío del desierto asfáltico y quiera regresar a su origen. Buscarán el soto, buscarán el río. Pero las zarzas habrán borrado las sendas. Y entonces se cumplirá la profecía más triste de la Rovoyra: cuando quieran regresar, ya no sabrán volver.

José de Viñoás.
Escrito a las orillas ribereñas del Miño y del Sil, plena Rovoyra Sacrata.

