Texto de José Antonio Regueiro Docampo (José de Viñoás).
Desde las orillas ribereñas del río Miño se desembarca y se sube caminando por toda la ribera hasta alcanzar una antigua y preciosa carballeira; allí, una hermosa ermita de tiempos inmemoriales guarda la imagen de la Virgen del Amparo.
O Amparo en Carracedo e a escalfada
Hoy se celebra una romería de ensueño en ese lugar privilegiado, una tradición milenaria, una romaxe en la Galicia central del interior dedicada a Nuestra Señora del Amparo, en la parroquia de Santiago de Carracedo, dentro del concello de A Peroxa.

Sobre A Peroxa, unos dicen que es Fonte Arcada y otros que es la propia Peroxa; lo cierto es que en esa latitud la comarca se conoce más como las Tierras de los Temes, uno de los señores feudales más antiguos de la península ibérica. Esas tierras que hoy integran Castro de Carballedo y la propia Fonte Arcada constituían sus feudos. Eran señores desde el primer cristianismo y es que en Galicia y en España, cuando se estableció la fe cristiana, se decía que el Santo Grial —el cáliz de Jesús de Nazaret— custodiaba su misterio en la Santa Iglesia de Temes.
Estas tierras son antiquísimas, situadas a orillas de lo que fue el río Sil (el cual, por causas burocráticas y políticas, pasó a considerarse afluente del Miño y hoy lleva el nombre de río Miño desde Lugo hasta Os Peares, donde se junta con el Sil para discurrir unido hasta A Guarda). Pero Temes no se halla a orillas del Miño ni del Sil: pertenece a otra ribera cercana, la ribera del Búbal. Temes es un lugar del Santo Grial a orillas del río Búbal, un cauce que dio vida a los primeros pobladores desde los tiempos del Homo sapiens.
Las tierras de los Temes se extendían desde la frontera de Lemos hasta la ciudad de Ourense. Fueron señores feudales sumamente poderosos. Hoy en Carballedo aún se puede contemplar su iglesia parroquial, donde se habla del Santo Grial, así como sus feudos, sus tierras, el castillo de A Peroxa (que algunos llaman de Fonte Arcada) y sus riberas de abrupta orografía: el Búbal, el Miño y una inmensa cantidad de riachuelos y rigueiros. Estas comarcas ribereñas estaban habitadas por hombres bravos y heroicos; la propia orografía del terreno no permitía otra cosa.
Los campesinos trabajaban las laderas ribereñas del Búbal y las márgenes del ya convertido río Miño. Esto nos sitúa en Carracedo, una parroquia llamada Santiago de Carracedo que en sus riberas disponía de barcas para cruzar a la gente, así como vacas, caballos, ovejas, animales de todo tipo y diversas mercancías. Los antiguos barqueros pagaban sus derechos de portazgo, además de los diezmos feudales, al priorato de Pombeiro, pero este a su vez tributaba a Oseira, cuando no a Santa Cristina de Ribas de Sil, a Lemos o a la Casa de Tor. Sin embargo, Carracedo, la parroquia ribereña situada frente por frente a Viñoás, siempre perteneció a los señores de los Temes. Ellos eran los dueños de las pesqueiras, de las barcas y de la ictiología de los ríos Búbal y Miño.

La tradición de la «carne escalfada»
Durante estos días de septiembre, todos los años, se celebra en la parroquia de Santiago de Carracedo una romería en honor a nuestra Virgen del Amparo en su capilla rodeada de monumentales carballos centenarios, de los que se dice que son incluso milenarios. Se trata de una carballeira inigualable en Galicia, sin parangón en el mundo conocido.
Allí se sacrificaban terneros vacunos (nunca novillos, ni toros, ni becerras: era auténtica ternera gallega). Se sacrificaban alrededor de las seis de la mañana, se colgaban en los robles, se desollaban allí mismo y se despiezaban. Aquellos grandes labradores y campesinos empezaban a hervir la ternera que llamaban y llaman escalfada:
«¡Imos ó Amparo a comer a carne escalfada!»
Aquella era una romería única y singular de la que, por desgracia, ya casi nada queda a causa de la despoblación de la Galicia vaciada.
Eran tiempos en los que acudía gente desde comarcas muy lejanas: desde tierras montañesas, A Barrela, Castro de Carballedo, San Ginés, Ourense, Luintra, Viñoás, A Carballeira, Melias, Coles, Ferreira, Pombeiro, entre otras. Cruzaban el río Miño en barcas en A Penalva, en Reza, en A Pereira o en A Costria. Llegaban todos los ribereños del otro lado del río Búbal y de todas las zonas de las tierras de los Temes, de la penillanura montañesa, de los valles y de las sierras. Este día era el gran punto de encuentro.
Venían también emigrantes desde México, Venezuela, Argentina, Suiza, Alemania y Francia. Era una inmensidad de gente la que acudía a la Virgen del Amparo, a su capilla y a su carballeira. Allí se yantaba al mediodía aquella ternera especial, la auténtica ternera gallega de estas tierras.
La gente lanzaba multitud de aturulos, unos desde la otra ribera y otros desde los senderos que bajaban de las tierras de montaña. Los ramistas no paraban de tirar cohetes de artificio: subían al coto del Amparo y lanzaban dos fulios, uno al mediodía y otro por la noche con fuegos de luces. Echaban aquellos cohetes con enorme entusiasmo y, al disparar la última bomba, todos juntos y al unísono, lanzaban un tremendo aturulo que resonaba por toda la ribera del Miño. Alcanzaba las tierras de Graíces, la aldea de Gulfariz y hasta Barras de Miño, en el concello de Coles; subía por el río Sil, por el Mao y llegaba hasta el río Lor.
Era romántico, singular y poético cruzar en barca para ir al Amparo en Carracedo. Los barqueros no paraban de trasladar gente. Ir al Amparo a Carracedo era algo obligado, una devoción, una promesa.
El olvido de la Galicia interior
Eran tiempos en los que estas aldeas estaban superpobladas. Hoy resulta triste comprobar cómo apenas queda algún vecino, y cómo en muchas aldeas ya no habita nadie.
En estas fértiles riberas se daba la vid, el olivo y el famoso rianxo, que las ribereñas y ribereños cultivaban con esmero para venderlo en ferias y mercados. Hoy en Ourense quedan algunas rianxeiras que lo venden en la plaza de abastos, pero ya nada es igual. Estas tierras se vaciaron al concentrarse toda la economía versátil y mercantil en la costa atlántica occidental. Las políticas de los planes de desarrollo de antaño y las mismas directrices actuales desde San Caetano, en Compostela, desde hace más de cincuenta años, tan solo se han preocupado del eje atlántico occidental: Vigo, Santiago, A Coruña. La otra Galicia, para las políticas económicas, sencillamente no existe.
Hoy celebramos el recuerdo en nuestra romería de la Virgen del Amparo en Carracedo. Unos cuantos ribereños y algunos montañeses somos los últimos testigos de un recuerdo que se diluye con el tiempo; pero, mientras tengamos un aliento de vida, jamás dejaremos de cruzar nuestro río Miño.

Llamaremos al barquero para que nos cruce, aunque ya no nos conteste. Lanzaremos el último aturulo y nadie responderá; pero nuestra Virgen del Amparo, allí en su ermita del pueblo de Carracedo, seguirá estando. Triste y sola, pero un día al año, volverá a sonreírnos.

