El grito de la Ribera vaciada: justicia para nuestros emigrantes. Artículo de José Antonio Regueiro Docampo (José de Viñoás)
Desde la distancia de la emigración o desde el silencio de las aldeas hoy deshabitadas, alzamos la voz contra la manipulación de nuestra identidad.
El grito de la Ribera vaciada: justicia para nuestros emigrantes
La historia de nuestras Riberas no puede ser borrada por etiquetas turísticas que llaman «Ribeira» a lo que siempre fue montaña de secano.

I. La sentencia de la ciencia: nuestro ADN
Que lo sepan nuestros emigrantes en todo el mundo: la ciencia nos da la razón. Estudios de las Universidades de Santiago, Oxford (2019), Burgos (2021) y la Complutense (2025) confirman que nuestra sangre es Ibero-Atlántica. No somos hijos de mitos nórdicos inventados en despachos de la galicia Atlatica Occidental; somos los herederos legítimos de los navegantes del Mediterráneo y el Magreb que poblaron estas orillas milenios antes de que se escribiera el primer verso en la costa Atlántica Occidental.
II. La economía del hombro y el río
Nuestros mayores no conocieron la facilidad del carro de bueyes o el arado en la ladera. La Ribera fue la civilización del esfuerzo humano:
- El Rianxo y el Sol: Mientras en la montaña helaba, nuestras orillas daban la primicia: vino, olivo, legumbres y frutas tempranas que se vendía en ferias ganaderas fiestas mercados y alimentaban a la ciudad.
- El Motor de las Barcas: El río era nuestra verdadera autopista. El barquero no solo cruzaba ganado, vino, lana y personas conservaba y comerciaba con la abundante Ictiofauna, era un motor económico que pagaba sus tasas de pasaje o portazgo al Cabildo, la verdadera asamblea de hombres libres que nació en la orilla del agua, como en la histórica Casa de la Asamblea de Ramuín.

III. La montaña tiene su honor, pero la Ribera tiene su nombre
Es un insulto a la memoria llamar «Ribeira» a Luintra, A Peroxa, Ferreira o A Barrela. Esos centros de montaña prosperaron gracias a los fueros reales y las ferias ganaderas de secano, mientras la Ribera era castigada con la nula inversión pública, condenando a nuestra gente a la emigración masiva. Se llevaron a nuestros mejores hombres y mujeres para que hoy nos roben hasta el nombre de nuestra tierra para vender una «Ribeira Sacra» donde el ribereño ya no existe.
IV. Un legado para la diáspora
A los que estáis lejos: el Pacio de un tal Alonso Fernández de Ramuín y la Casa del Cabildo o asamblea pueden estar hoy bajo las zarzas por la desidia política, pero vuestro ADN es el cimiento de esta tierra. No permitáis que vuestros hijos olviden que venís de una estirpe de Afiadores, (Naceiros) y Barqueros que domesticaron el abismo con el riñón y el coraje. La montaña tiene su feria su arado y su carro, pero la Ribera tiene su río y su nombre.
POR LA VERDAD HISTÓRICA, POR EL PACIO (PALACIO) Y POR LA MEMORIA DE LA RIBERA.

