Colaboraciones

Elegía a la Galicia Hundida y Olvidada

«Elegía a la Galicia Hundida y Olvidada» de José de Viñoás explora el impacto del éxodo rural, los embalses y el olvido.

José Antonio Regueiro Docampo (José de Viñoás).

"Elegía a la Galicia Hundida y Olvidada" de José de Viñoás. Explora el impacto del éxodo rural, los embalses y el olvido.

Elegía a la Galicia Hundida y Olvidada

​Del Sil a la montaña el paso antiguo,
la huella del caminante y del arado,
la tierra donde el tiempo fue abrigo
y el monte, un corazón multiplicado.

​Pero trazaron mapas desde el puerto,
vendieron nuestro viento y nuestra corriente,
cambiaron el roble por el desierto
y ahogaron en la presa a nuestra gente.

"Elegía a la Galicia Hundida y Olvidada" de José de Viñoás. Explora el impacto del éxodo rural, los embalses y el olvido.

​Cambiaron la piedra por la cadena,
el sotobosque canta solo en la memoria;
se fue el urogallo, se apagó la pena,
borraron las casas del libro de la historia.

​En los valles donde el trigo doraba el horizonte
hoy solo hay un silencio de cal y de ceniza.
Mueven las luces de la costa desde el monte,
mientras en la sombra el roble se agoniza.

​Queda el calendario colgado en el revés
de un año mil novecientos cincuenta y siete,
la azada dormida a los pies del ciprés,
el arado esperando unas manos otra vez
y el agua que se lleva lo que la patria promete.

"Elegía a la Galicia Hundida y Olvidada" de José de Viñoás. Explora el impacto del éxodo rural, los embalses y el olvido.

​Ya nadie camina la corredoira vieja,
el último anciano contempla el vacío;
se ahoga en su garganta la antigua queja
y se apaga el aturulo de un lado al otro del río.

​De ladera a ladera cruza el silbo lejano,
un eco de orilla a orilla que busca respuesta;
pero la ladera calla, ya no queda hermano,
solo el viento que pasa doblando la cresta.

​De cumbre a cumbre, de ribera a ribera,
un nudo de pena le borra el aliento:
ya no hay quien responda desde la ladera,
solo contesta la voz del viento.

​No es muerte natural lo que padece el suelo,
es el despojo frío de la ciudad distante:
nos sacaron la sangre para encender su cielo,
dejándole a la piedra su pena de gigante.

José de Viñoás, un día de Agosto de 2026 en las orillas Ribereñas del Sil y del Miño.

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