Cajón desastre

Extinción de incendios: ¿Negocio rentable o falta de prevención?

Cada verano resuena el mismo aforismo popular: «Mientras la extinción sea un negocio, seguirá habiendo incendios».

Entre licitaciones millonarias, monte abandonado y cambio climático, analizamos qué hay de cierto en el dilema entre apagar o prevenir.

¿Industria de la llama o abandono del medio rural? El debate económico tras la extinción de incendios

Cada vez que el humo cubre los montes en los meses estivales, se reabre un debate incómodo. Por un lado, la abnegada labor de las brigadas forestales y los despliegues multimillonarios de helicópteros e hidroaviones; por el otro, la sospecha recurrente de que la gestión del fuego responde a intereses económicos donde la reacción cotiza al alza y la prevención languidece.

Extinción de incendios: ¿Negocio rentable o falta de prevención?

¿Es la extinción un sector privado hipertrofiado que se retroalimenta del conflicto, o simplemente el síntoma visible de décadas de abandono del medio rural y falta de políticas estructurales de prevención?

1. El modelo económico: El peso del gasto en la emergencia

Uno de los pilares que alimenta el recelo público es el reparto del presupuesto. En la mayoría de las administraciones públicas, el grueso de la inversión forestal se concentra en la ventana estival para el despliegue de operativos de extinción, mientras que la partida destinada a la gestión silvícola en invierno permanece en un plano secundario.

  • Contratación y privatizaciones: Amplios sectores del operativo (especialmente los medios aéreos y parte de las brigadas de refuerzo) son gestionados por empresas privadas a través de licitaciones públicas. Esto genera un mercado donde la factual necesidad de apagar incendios mueve cientos de millones de euros al año.
  • El sesgo de inmediatez: Políticamente, un helicóptero descargando agua ante las cámaras es altamente visible para la opinión pública, mientras que desbrozar un monte o gestionar pastos en pleno enero no genera titulares.

«Los incendios del verano se apagan en invierno», recuerdan sistemáticamente los ingenieros montes, subrayando que la falta de inversión preventiva convierte la extinción en una obligación reactiva y desproporcionadamente costosa.

2. Prevención vs. Extinción: Un balance descompensado

Para comprender la raíz del problema es necesario contrastar las dos aproximaciones a la gestión del territorio:

DimensiónEnfoque de Extinción (Reaccionario)Enfoque de Prevención (Estructural)
Inversión principalMedios aéreos, camiones, brigadas estivales.Ganadería extensiva, desbroces, biomasa, paisajes mosaico.
TemporalidadConcentrada en 3 – 4 meses críticos de verano.Trabajo continuo durante los 12 meses del año.
Impacto territorialApaga la emergencia punctual sin alterar la carga de combustible.Reduce la carga de vegetación seca y fija población rural.
Rentabilidad socialElevado coste por hectárea quemada evitada.Creación de empleo rural permanente y biodiversidad.

3. ¿Negocio provocado o consecuencia del abandono?

La tesis que sugiere la existencia de «incendios por negocio» suele aludir a dos argumentos: los intereses empresariales en prolongar contratos de extinción y los conatos intencionados derivados de tensiones laborales o recalificaciones.

Sin embargo, los informes judiciales y de las fiscalías del medio ambiente muestran una realidad sensiblemente más compleja:

  1. Combustible acumulado: El éxodo rural ha dejado millones de hectáreas de monte sin aprovechamiento tradicional (leña, pastoreo, resina). El bosque acumula una biomasa densa y continua que actúa como un polvorín.
  2. Cambio climático y megaincendios: Las olas de calor más prolongadas y secas generan los denominados «incendios de sexta generación«, fuegos de tal intensidad que escapan a la capacidad de respuesta de cualquier dispositivo de extinción, por multimillonario que sea.
  3. Precarización del sector: Gran parte de los profesionales de la extinción reclaman estabilidad laboral todo el año para realizar labores de prevención, argumentando que la discontinuidad de sus contratos es precisamente lo que precariza el servicio.

Redefinir la ecuación del fuego

Decir que los incendios persisten únicamente porque representan un negocio resulta una simplificación que pasa por alto la crisis demográfica y la vulnerabilidad climática del territorio. No obstante, mantener un modelo centrado abrumadoramente en apagar el fuego en lugar de gestionar el paisaje sí favorece la consolidación de un «mercado de la emergencia«.

El reto de las políticas públicas no radica en desmantelar la extinción —indispensable para proteger vidas y bienes—, sino en equilibrar la balanza: convertir la prevención en una economía sostenible que genere valor en el entorno rural antes de que salte la primera chispa

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