Colaboraciones

La Sangre de la Tierra: El Sacrificio Silencioso del Interior

La Sangre de la Tierra: El Sacrificio Silencioso del Interior.

Artículo de José Antonio Regueiro Docampo.

La Geografía de la Exclusión: Discriminación en la Tierra del Apóstol

​I. Las Cicatrices del Progreso

​En las tierras ribereñas e indómitas  de labor heroico. de Ourense y Sur de Lugo  la geografía no es solo paisaje; es un cuerpo herido. Los cielos, antes gobernados por el vuelo limpio del milano y las nubes de la Rovoyra Sacrata  se encuentran hoy cruzados por autopistas de hierro y cables de alta tensión. Son los tendidos eléctricos que desgarran el horizonte, colosos de metal plantados como banderas de una conquista moderna sobre el suelo de los ancestros.

​Bajo ellos, las aldeas resisten los embates de un clima que ha perdido su templanza, soportando inviernos de heladas implacables y veranos de un calor asfixiante que calcina la piedra. En este rincón de la Iberia Atlántica, los hombres y mujeres de la roca y el río han visto cómo sus aguas eran represadas y sus vientos encadenados, transformando la fuerza salvaje de la naturaleza en un torrente indomable de energía.

​II. El Éxodo de la Luz

Bajo estás montañas  en el  vientre de estas riberas.  brota la luz que enciende la noche. El agua que ruge en los cañones y el viento que peina las cumbres se convierten en kilovatios que viajan a la velocidad del rayo hacia la costa. Es esa energía, nacida del sacrificio y del silencio del interior, la que alimenta el latido incansable de urbes como Vigo y el resplandor de la fachada Atlántica. Allí, el progreso brilla con el orgullo de la industria y el comercio; allí, los puertos se iluminan y las avenidas resplandecen gracias al tributo de la Galicia del  interior.

La Sangre de la Tierra: El Sacrificio Silencioso del Interior

​Sin embargo, en el viaje de esa riqueza hay una grieta profunda. El derecho y las leyes de los hombres decidieron que las sedes fiscales se refugien en despachos lejanos y que los impuestos de la luz se diluyan en la gran caja común del Estado. El oro que genera el agua no tiene billete de vuelta.

​III. El Silencio del Retorno

​Mientras las ciudades atlánticas crecen al amparo de la corriente eléctrica, a las aldeas del Sur de Lugo y Ourense solo regresan las migajas de la ley: cánones ambientales que apenas alcanzan para remendar el daño, e impuestos locales que se sienten como limosnas frente al expolio del territorio. Ni un euro del gran banquete energético regresa para sembrar el futuro en los pueblos donde se cosecha la fuerza del país.

​El interior de Galicia permanece así, como el herido que dona su sangre para salvar al hermano y se queda contemplando las venas vacías de su propia tierra. Es la paradoja de un pueblo que, siendo el motor de la luz, camina a oscuras en el olvido institucional, aguardando el día en que la justicia fiscal reconozca, por fin, que la riqueza de la costa se sostiene sobre los hombros de gigante de sus aldeas pobres despobladas  o mejor dicho vaciadas de la antigua y vernácula Rovoyra Sacrata en la  Galicia del interior.

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