Monte rozado y ordenado no arde. Por José de Viñoás, vecino de la Rovoyra Sacrata.
No elegí Nogueira de Ramuín, Esgos y Parada do Sil por una simple casualidad. Son tres concellos hermanos que suman apenas cuatro mil vecinos —2.070 almas en Nogueira de Ramuín, 1.101 en Esgos y 523 en Parada do Sil—, pero que custodian bajo su lomo milenario más de 200 kilómetros cuadrados de monte, viña, bosque y matorral.
Tres concellos de Ourense pueden dejar de pagar incendios
Es el vivo retrato de la Galicia que se vacía en silencio, y es también, desgraciadamente, esa Galicia herida que cada verano vemos teñirse de luto y arder bajo el implacable cielo estival de Ourense.

Los pocos habitantes que resisten en la tierra lo dicen con una claridad meridiana, con la sabiduría desnuda de quien conoce cada palmo de suelo: «Levade o toxo, a xesta, os piornos, as zarzas, os ourizos dos soutos, as vides, o bullo, os residuos do gando, os fentos… con tal de que nos rocedes». Lo regalan. Ofrecen la materia prima sin pedir nada a cambio, con el único deseo de ver sus montes limpios y seguros. Y mientras tanto, las administraciones públicas continúan desembolsando verdaderas fortunas para apagar con desesperación lo que previamente no se quiso o no se supo limpiar.

Las cifras del fuego son tan sobrecogedoras como el humo que nubla nuestros valles. Apagar un incendio en España cuesta una media de 10.000 euros por hectárea, una cantidad astronómica que ni siquiera incluye los costes posteriores de regeneración ambiental. Un solo helicóptero de extinción supera los 6.000 euros por hora de vuelo, y un hidroavión no baja de los 4.000. Así, una fatídica jornada de ocho horas de combate aéreo quema 48.000 y 32.000 euros respectivamente; dinero público tirado al humo y convertido en ceniza. Galicia conoce bien este drama: solo el Plan de Prevención de este año cuenta con una dotación récord de 213 millones de euros y la incorporación de 42 nuevas brigadas. Ante semejante sangría económica y ecológica, la pregunta brota por sí sola: ¿de verdad no existe una alternativa?
Modelos de economía circular y viabilidad energética
Sí, la hay. Y no hay que ir muy lejos para encontrarla; se halla en el borde mismo de nuestras fincas, en la maleza que hoy nos amenaza. En Castilla-La Mancha, una sola empresa recoge anualmente 30.000 toneladas de cepas y sarmientos (un 80% de cepas y un 20% de sarmientos) con destino a una central eléctrica. Realizan el trabajo de forma totalmente gratuita para el agricultor, quien de otro modo se vería obligado a tramitar farragosos permisos para realizar quemas controladas. Este modelo circular no solo limpia los campos, sino que mantiene de forma permanente entre siete y ocho empleos fijos, duplicando su plantilla durante la época de poda.
En la provincia de Ourense disponemos de una cantidad de materia prima infinitamente superior: los viñedos monumentales de la Rovoyra Sacrata, los montes vecinales densamente poblados de tojo y carqueixa, y las serrerías locales con toneladas de astilla acumulada. Hablamos de biomasa residual pura. Esa materia orgánica que, si no se utiliza, carece de valor, se deteriora y acaba suponiendo un grave peligro de incendio y un coste inasumible para la administración.

Un estudio técnico riguroso realizado en Galicia para una planta de biomasa forestal de 25 MW demuestra que el proyecto es plenamente viable: cuenta con un rendimiento del 34% y una generación que supera los 155 GWh al año, energía suficiente para abastecer a 41.350 viviendas. Los autores del informe concluyen de forma tajante que «sería económicamente atractivo invertir». En sintonía con esto, otro análisis de la Universidad Pontificia Comillas añade que la biomasa es la tecnología de transformación energética menos dependiente de la ubicación y la más rentable frente a otras alternativas verdes.
Gestión municipalizada y redes de calor
Tampoco es necesario proyectar una central gigantesca. Trabajando con un radio de acción óptimo de 25 kilómetros —recordemos que de Luíntra a Parada do Sil apenas hay 18 kilómetros, y de Luíntra a Esgos tan solo 14—, las distancias de transporte son perfectamente rentables según los análisis de disponibilidad. Una caldera de distrito (district heating) de entre 4 y 6 MW podría dotar de calefacción y agua caliente a los colegios, residencias y hogares de estos tres ayuntamientos a un precio de entre 35 y 45 euros el MWh, prácticamente la mitad de lo que cuesta el gasóleo. Además, se cumpliría con creces la normativa europea: la biomasa trazada reduce al menos un 80% las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con el gas natural.
¿Andamos escasos de fondos? El dinero público ya está sobre la mesa. La Xunta de Galicia ha firmado un convenio de 12,25 millones de euros destinado exclusivamente a limpiar las franjas de seguridad alrededor de los núcleos de población. Existen fondos europeos orientados a la economía circular, subvenciones estatales para redes de calor y líneas específicas de San Caetano para los montes vecinales en mano común. No falta financiación; lo que falta es un proyecto político coordinado y valiente.
¿Externalizar el fuego o municipalizar el combustible?
Por ello, lanzo una pregunta directa a nuestros ediles y alcaldes: ¿por qué seguimos externalizando el fuego en lugar de municipalizar el combustible? Una empresa privada acudirá únicamente si divisa un negocio lucrativo a corto plazo, llevándose el margen de beneficio y dejándonos la misma dependencia de siempre. En cambio, una mancomunidad de nuestros concellos tiene la capacidad de crear una empresa pública de biomasa, contratar a los propios vecinos del rural para las labores de roza y limpieza, vender la energía térmica generada y reinvertir los beneficios en la propia comunidad. Es la senda que ya recorre Málaga con una inversión de 16 millones en biomasa forestal, y es la misma dirección que defiende WWF al exigir que se «refuerce la rentabilidad del monte, porque sin tejido económico no habrá jamás gestión forestal».

Monte rozado y ordenado no arde. Monte aprovechado genera empleo y fija población. Cada hectárea que limpiemos hoy es una hectárea que no tendremos que pagar a 10.000 euros mañana cuando sea pasto de las llamas. Cada hora de helicóptero que logremos evitar en el futuro son 6.000 euros que permanecen en las arcas de nuestro entorno rural.
Tenemos la materia prima entregada de buena gana por sus legítimos dueños, tenemos los fondos europeos disponibles y tenemos los estudios científicos que avalan su viabilidad económica. Lo único que falta es la voluntad política de que los alcaldes se sienten a la misma mesa, firmen un acuerdo mancomunado y den el paso definitivo de dejar de ser meros recaudadores para convertirse en verdaderos gestores del territorio. Si no asumimos la responsabilidad nosotros mismos, el próximo mes de agosto volveremos a alzar la vista al cielo para contar helicópteros e hidroaviones, en lugar de mirar al frente y contar nuevos puestos de trabajo.
Anexo Técnico: Centrales de Biomasa y el Motor de la Economía Circular
Limpiar el monte no solo previene la catástrofe de los incendios… ¡también genera energía limpia, gestionable y de proximidad!
Las centrales de biomasa son el ejemplo perfecto de cómo la economía circular puede proteger nuestro patrimonio natural. Su funcionamiento técnico es similar al de una central térmica tradicional, pero con un cambio revolucionario: sustituyen los combustibles fósiles contaminantes por biocombustibles renovables. Estos se nutren de restos de podas agrícolas, serrín de la industria local y toda esa maleza (tojos, zarzas, helechos o escobas) que satura y desborda nuestros bosques durante el estío.
Al retirar estratégicamente este exceso de materia orgánica de nuestros montes, logramos tres pilares fundamentales para el futuro de nuestra tierra:
- Prevención real y eficaz: Reducimos de forma drástica el volumen de combustible continuo que alimenta y propaga los grandes incendios forestales.
- Energía constante y gestionable: Generamos electricidad y calor de manera continua y predecible. A diferencia de otras energías renovables, la biomasa no depende de si el sol brilla o el viento sopla; está siempre disponible cuando se necesita.
- Futuro digno para el medio rural: Se dinamiza la economía interna mediante la creación de empleo verde y local en los trabajos de recogida, roza, astillado y transporte dentro de nuestra propia comarca.
Una tecnología que demuestra que la mejor manera de defender nuestros montes no es abandonarlos a su suerte ni fosilizarlos, sino aprender a gestionarlos de forma inteligente. La verdadera fuerza de nuestra tierra no solo reside en la innegable belleza de sus paisajes, sino en la capacidad soberana de sus habitantes para autoabastecerse, trabajar el suelo y proteger su herencia frente al fuego.
