Entrevistas

Hablamos con la Psicóloga Andrea Rodríguez

Desde Ourensenarede, hablamos con la Psicóloga Andrea Rodríguez sobre la situación que los menores han vivido en este año 2020 por los efectos de la pandemia.

Las distintas medidas restrictivas y de desescalada obviaron constantemente la figura de los menores de edad. Andrea Rodríguez, psicóloga perinatal e infanto-juvenil, nos muestra su visión sobre las necesidades existentes en estas franjas de edad y de las que se vieron privados. Las consecuencias que el confinamiento y la nueva normalidad pueden suponer para su desarrollo emocional y social.

Hablamos con la Psicóloga Andrea Rodríguez
Hablamos con la Psicóloga Andrea Rodríguez

Madre de dos hijas, vivió el confinamiento y su problemática en los menores en primera persona. Terapeuta en la clínica Physiovértex, colabora entre otros con el colegio de Psicología de Galicia, el Instituto de Familia y la UNED Ourense.

Entrevista a Andrea Rodríguez

¿Cual ha sido el papel de las niñas y niños en el confinamiento? ¿Y el de las personas adolescentes?

Para mí, como madre, los/as guardianes de la cordura. Aunque hubo momentos que deseé estar sola, vivir con niñas me ayudó a estar activa física y mentalmente.

Pero desde el punto de vista psicológico, les ha tocado un lugar complicado. Cerradas/os en casa, niñas, niños y adolescentes, con menos privilegios que las personas adultas y con mayores necesidades de actividad física y de socialización.

¿Qué posibles efectos psicosociales ha podido conllevar el  confinamiento estricto?

Aislamiento, pérdida de le red social y de cuidados, ansiedad, depresión… La gama de efectos es variada. En general las personas hemos estado más aisladas (a pesar de estar haciéndonos “amigas” de las redes sociales, éstas nunca sustituirán el contacto físico). Ha habido pérdida de red social, ¿Quién no ha visto algún comentario en las redes de alguna persona diciendo que durante el confinamiento estaba descubriendo quienes eran sus verdaderas amistades?

Se ha visto, también, un gran deterioro cognitivo en las personas mayores, el estar en casa no sólo nos aburre, si no que nos adormece; a pesar de leer libros, de escuchar música, acudir a algún concierto, hacer yoga en casa… se perdió la interacción y con ella la estimulación; ha sido  más llamativo este efecto en loas personas mayores porque el acceso a las redes sociales es menor que el de un adulto.

…la importancia que tiene para las/os adolescentes la socialización como elemento clave para su desarrollo.

Pero, si cabe más importante, ha habido perdida de red de cuidados. Me refiero por un lado a la ayuda en el cuidado de personas dependientes, pero también a la red de personas que tenemos cada uno/a de nosotros/as que nos escucha cuando estamos preocupadas, que nos llama, que llora con nosotros/as, que nos saca a tomar un café… Y creo que esa es la red que debemos preservar y cuidar para prevenir esos efectos adversos derivados que la situación actual.

¿Estamos preparadas las familias para la para la “nueva normalidad”?

No. Ni las familias ni ninguna persona. Es una situación novedosa, hay personas con mayor capacidad de adaptación que otras que serán las que menos sufrirán, pero preparadas no estamos. Y el mayor motivo de nuestra no-preparación es la incertidumbre. Cada mes encontramos nuevas realidades que no esperábamos. Al final de la primavera estamos en desescalada y con expectativas de no volver a escalar fases, hoy estamos en nivel 3 de alerta (hablo desde Ourense ciudad), con restricciones de movilidad, con prohibición de reunirnos con personas no convivientes…. Y el panorama no es nada halagüeño.

Este curso la oferta de actividades extraescolares ha menguado, al igual que las salidas al parque (es fácil ver parques desiertos todos los días), los paseos por la calle, el ir de tiendas, reunirse en el parque de San Lázaro, comprar una crèpe, ir al cine o al teatro…. Y las familias tenemos el reto de buscar alternativas constantemente.

¿Qué supone  a nivel “psicosocioemocional” la “nueva normalidad”?

Me gustaría saber que supone para ti, porque cada persona tenemos necesidades diferentes o por lo menos necesitamos en grados diferentes. Quiero decir que hay personas que necesitan más actividades en grupo, personas más solitarias, las que prefieren las reuniones con uno o dos amigos… pero todas estamos viendo coartadas nuestras libertades, y no voy a hacer un alegato en contra a las restricciones impuestas, solo hablo de como estas medidas nos privan de actividades que antes formaba parte de nuestro repertorio diario.

Se ha visto, también, un gran deterioro cognitivo en las personas mayores

En mi caso personal, extraño muchísimo eses 15 minutos de descanso en que me acercaba a la cafetería de al lado y me tomaba mi café mientras leía el periódico, hablaba un poco con los camareros y volvía a trabajar. Desde hace semanas si quiero café lo compro en la entrada de alguna de las pocas cafeterías que quedan abiertas, me lo entregan en un vaso de cartón y me voy a mi trabajo a tomármelo sola.

Nuestras relaciones sociales son mínimas y no tengo del todo claro si alguna vez volverá a “ser como antes”. Estamos acostumbrándonos de un modo acelerado a conocer solo la mitad del rostro de las personas, a interactuar detrás de esa máscara (lo que supone una gran perdida de información no verbal), a restringir actividades de ocio y quedadas con amigos/as… y esto me lleva a pensar sobre las posibles consecuencias sobre el modo de relacionarnos, sobre nuestro “carácter” que podrá acarrear.

¿Se ha tenido en cuenta a la infancia y a la adolescencia en todo el proceso de desescalada?

Este es un tema que ya ha sido ampliamente abordado y hay consenso. No, no se les ha tenido en cuenta.

Hace poco Ricardo Fandiño, psicólogo, hablaba en una entrevista sobre la importancia que tiene para las/os adolescentes la socialización como elemento clave para su desarrollo, aprendizaje, toma de decisiones, capacidad de posicionarse y saber decir que no, asertividad….

Y creo que este tema se ha pasado por alto y a pesar de las reivindicaciones de colegios profesionales, asociaciones…no podemos repetir ese error.

¿Son los parques tan importantes?¿Deberíamos echarlos de menos?

Si y no. Si, son súper importantes como elemento de socialización. No, porque esta situación nos está brindando la oportunidad de recuperar otros espacios públicos de ocio.

Esto no es nuevo, Tonucci (psicopedagogo italiano) lleva años hablando de ello. Insiste en la importancia de crear ciudades por y para los niños. Sabemos que lo que ocurre en la infancia es fundamental para el posterior desarrollo de la persona y aun así seguimos educando a los/as niños/as desde el punto de vista del adulto.

En el ocio también se refleja, los/as llevamos a los parques espacios diseñados para ellos/as pero acaban convirtiéndose en espacios llenos de normas y segregados del resto de las personas. ¿Para cuando espacios de juego libre? ¿Para cuando volver a jugar con las bicis por la plaza? ¿O a las canicas en cualquier calle?

Pero mientras esto no llega, podemos buscar opciones alternativas, paseos por el río, montes, recuperar los fines de semana en el pueblo…descubrir lugares que aun no conocíamos y que están a 4 km de nuestra casa. Estaremos dando oportunidades más saludables a nuestros/as niños/as para crecer y desarrollarse

¿Qué va a cambiar en nuestras hijas e hijos a partir de ahora?

Menos amistades, menos posibilidades de interacción, menos oportunidades de gestión emocional y poner en práctica sus habilidades sociales.

Lo siento si sueno negativa, pero tengo hijas y es lo que me encuentro.

Hay peques que ya tienen pocos recuerdos de la vida antes de la pandemia, parece descabellado pero no lo es. Es tan sencillo como ir a cualquier cole al aula de 3 años, esos/as niños/as ya llevan casi un tercio de su vida en pandemia y su memoria consciente es posible que no recuerde como vivía el año pasado.

– ¿Qué secuelas podemos esperar en el ser humano que vive este proceso histórico?

Hay muchos tipos de secuelas como el aumento de la tasa de desempleo, la recesión económica….

Pero como psicóloga las consecuencias que ya se están observando son el aumento de trastornos mentales, con síntomas depresivos, de ansiedad y de estrés postraumático. Generados por la incertidumbre, inestabilidad (económica y laboral), duelos no resueltos o cúmulo de duelos (muerte de personas, duelo por pérdida de empleo, pareja, de libertades, de estilo de vida…)y las carencias sanitarias.

Para minimizar estas consecuencias sobre la salud mental podríamos tomar medidas como mejorar el acceso a la salud mental, para ello habría que dotar al sistema sanitario de recursos físicos (espacio) y humanos (más psicólogas/os y psiquiatras).

– Como profesional de la salud mental: ¿Qué podemos sacar en positivo?

Hay un hecho innegable, por primera vez en la historia estamos todo el mundo al mismo tiempo viviendo la misma situación. Y esto que puede sonar fatalista no lo es, es un elemento de recuperación. Somos millones de personas pensando sobre lo mismo, seguro que somos capaces de encontrar soluciones, alternativas y nuevos caminos.

Hay consecuencias positivas como dispersión de la población (se están descentralizando la población de las ciudades), menos accidentes de trafico, descenso de la criminalidad…. Que puede parecer que no tiene que ver con la salud mental, pero sí tienen. Lo que aparece de fondo es un mayor empoderamiento y un refuerzo del autocuidado. Nos hemos dado cuenta que necesitamos salir del estilo de vida consumista (al menos un poco), del todo ya y ahora, y priorizamos el tiempo compartido, la calma y la tranquilidad. Estamos recuperando costumbres en desuso (pasar una tarde paseando por el monte y admirando el reflejo del sol en las hojas de los árboles) y ampliando nuestra consciencia sobre lo efímero de la vida.

– Consejos para las familias

La UNESCO es clara en culpar al ser humano como responsable de la pandemia, literalmente:

los expertos estiman que existe una relación directa entre la merma de la biodiversidad, debida esencialmente a las actividades humanas, y la propagación de patologías mortíferas como la COVID-19. En su opinión, la única forma de impedir que este tipo de nuevas enfermedades nos aniquilen consiste en preservar a toda costa los ecosistemas y la diversidad biológica..”

Unesco

Además se habla mucho de la capacidad de resiliencia de las niñas y niños como factor de protección, pero no se habla tanto de su sumisión. Y es que los/as peques son mucho más sumisos que las personas adultas (aunque tengan rabietas y parezca que nos toman el pelo). Se creen casi todo lo que les decimos, dependiendo de la edad el pensamiento crítico es inexistente o muy rudimentario, y esto hace que acepten las restricciones (uso de mascarilla, no quedar con amigas/os…) con bastante tranquilidad. Pero no por aceptarlo está siendo positivo para ellos/as.

Por tanto, y uniendo los anteriores factores, las familias necesitamos  hacer un esfuerzo por nuestras niñas y niños, por nuestros/as adolescentes y por nosotros/as mismos. 

Reforcemos la red social y de cuidados, favorezcamos las actividades al aire libre, el tiempo de juego libre y no estructurado, escuchemos lo que las niñas y niños nos tienen que contar, validemos sus emociones (a veces un simple “te entiendo” calma la rabieta más grande), busquemos tiempo en exclusiva con los/as más peques, animemos a expresar a través del dibujo, moldear con plastilina o arcilla, escribir cuentos… estaremos cuidando de su salud mental.

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