Colaboraciones

Memorial histórico y antropológico de la Ribera de Ramuín: El Grito de una aldea vaciada

Memorial histórico y antropológico de la Ribera de Ramuín: El Grito de una aldea vaciada. Texto de José Antonio Regueiro Docampo (José de Viñoás).

Vecino de la Parroquia de Santa María de Viñoás e Investigador Antropológico.

Memorial histórico y antropológico de la Ribera de Ramuín: El Grito de una aldea vaciada

​Este memorial constituye un acto de justicia histórica, rigor científico y reivindicación cultural de la Ribera del Sil. Frente al progresivo olvido de los núcleos fluviales originarios y la imposición de relatos mitológicos desprovistos de sustento empírico, alzamos la voz desde las piedras deshabitadas de Ramuín para rescatar la memoria física, agraria y biológica de nuestra estirpe.

Memorial histórico y antropológico de la Ribera de Ramuín: El Grito de una aldea vaciada

​I. El origen: la geometría del Río y el Sol

​El asentamiento humano primigenio en estas escarpaduras obedeció a una lógica geográfica e intuitiva inapelable. Mientras que los flujos migratorios biológicos ascendieron históricamente de Sur a Norte, la expansión cultural, tecnológica y comercial avanzó de Este a Oeste. Este eje solar y de agua encontró en la Ribera de Ramuín su encrucijada perfecta.

​Nuestros antepasados caminaron siguiendo el curso del Astro Rey, utilizando el lecho de los ríos como las únicas directrices seguras de tránsito. Adentrarse en la Galicia interior y montañosa en la prehistoria, desprovistos de brújula o calzadas, constituía una empresa suicida; el curso fluvial era el único mapa que garantizaba la supervivencia y el agua elemental. El río Sil, abriendo su imponente curso desde León, se erigió en la gran autopista natural que guió a los caminantes hacia el Finisterre atlántico, consolidando a Ramuín como un refugio de luz, roca y fertilidad.

​II. La sentencia de la ciencia: el fin del mito céltico

​Reivindicamos con firmeza que el Celtismo popularizado en el siglo XIX por intelectuales como Manuel Murguía y Eduardo Pondal no fue más que un hermoso artificio literario y un constructo político, diseñado con el fin de marcar una diferenciación identitaria artificial. Sin embargo, la ciencia genética contemporánea ha dictado sentencia definitiva en favor de la Iberia Atlántica. No es una opinión, es una evidencia empírica respaldada por la comunidad científica internacional:

  • ​2019 (Universidades de Oxford, USC e IDiS): El exhaustivo mapa genético de España demostró la gran singularidad del ADN gallego, pero descartó categóricamente la existencia de una migración masiva de origen celta. La herencia poblacional hunde sus raíces en sustratos mucho más antiguos.
  • ​2021 (Universidad de Burgos): Investigaciones arqueogenéticas confirman una estricta continuidad poblacional en el cuadrante noroeste peninsular desde el Neolítico y la Edad del Bronce.
  • ​2025 (Universidad Complutense y BioRxiv): Los análisis de paleogenómica reafirman que la sangre de nuestro pueblo es el testimonio biológico de un linaje Ibero-Atlántico. Compartimos un vínculo genético indisoluble con los antiguos supervivientes del refugio glacial ibérico y los navegantes del Mediterráneo y el Magreb, muy alejados de los linajes danubianos o nórdicos.

​Somos los legítimos descendientes de navegantes meridionales que conquistaron la roca y el agua milenios antes de que se redactara el primer folletín nacionalista en los despachos de la Galicia atlántica occidental.

​III. El Sil y el Miño: la paradoja de una economía fluvial y la riqueza de su ictiofauna

​Los cauces fluviales no solo fueron senderos de asentamiento, sino los verdaderos dinamizadores económicos de un territorio hoy injustamente postergado. En las escarpadas riberas de Ramuín, Viñoás y A Carballeira se articuló una red comercial de extraordinaria vitalidad mediante tres dinámicas principales:

  1. ​El trasvase de vida y mercancías: Embarcaciones tradicionales unían de forma constante ambas orillas del Miño y del Sil, integrando los mercados locales en un espacio común de intercambio ganadero y agrícola.
  2. ​El flujo de la madera: El río actuaba como la gran vía de transporte por donde discurrían colosales troncos río abajo, dotando a la ribera de un recurso mercantil que las llanuras circundantes eran incapaces de generar.
  3. ​El tesoro de la ictofauna: Las aguas del Sil Miño albergaban una biodiversidad ictiológica abundantísima. Especies fluviales y migratorias de alto valor comercial (como el salmón, la trucha, la anguila, el sábalo, el barbo y la preciada lamprea) convertían el cauce en una fuente inagotable de recursos. Su pesca experta y su posterior comercialización no solo alimentaban a las poblaciones ribereñas, sino que enriquecían sustancialmente las arcas de los portazgos y los derechos tributarios de paso.

​La gran paradoja hidrográfica: La sabiduría popular recoge el célebre aforismo: «El Miño lleva la fama y el Sil lleva el agua». Desde una perspectiva geológica y morfológica, el Sil es un curso de mayor antigüedad, longitud y caudal que el Miño. En la confluencia de Os Peares, la disposición geomorfológica revela que el Miño actúa visualmente como afluente del Sil, y no a la inversa. La consideración del Miño como el río principal responde exclusivamente a coyunturas de centralidad administrativa y decisiones políticas tomadas siglos después.

​IV. El refugio silvestre: biodiversidad, avifauna y mastofauna de la selva iberoaltántica

​Aquellos primeros pobladores que se asentaron en Ramuín no solo encontraron un río generoso y una tierra fértil; se toparon con un ecosistema forestal indómito que actuó como despensa inagotable para las comunidades de cazadores-recolectores. Las laderas orientadas al sol, sus espesos sotobosques y las frondas maduras constituyeron un santuario biológico donde la fauna silvestre prosperó de forma ininterrumpida hasta mediados del siglo XX:

  • ​Una Avifauna Prodigiosa: Los cielos y espesuras de la ribera vibraban con el canto del jilguero, el ruiseñor, la alondra y el mirlo, mientras golondrinas y gorriones poblaban los albores de los primeros asentamientos. Asimismo, la densidad de especies de alto valor cinegético e histórico fue sobresaliente; las umbrías eran el territorio de la esquiva becada, mingoliron, la codorniz y la perdiz, compartiendo hábitat en tiempos antiguos con la majestuosa avutarda y el hoy desaparecido urogallo, reyes indiscutibles de las techumbres forestales.
  • ​Una Mastofauna Dominante: El espesor del monte brindó refugio y sustento a una riquísima variedad de mamíferos. La caza menor, sostenida por poblaciones abundantes de conejos y liebres, se complementaba con la presencia señorial de grandes ungulados y mamíferos mayores: el corzo, el ciervo, el jabalí y la ágil cabra montés, que desafiaba los acantilados graníticos del Sil.

​Esta colosal biodiversidad proporcionó pieles, carne y herramientas óseas a los primeros linajes de Ramuín, tejiendo un vínculo antropológico indestructible entre el ser humano y el paisaje indómito que hoy, bajo el manto del abandono, languidece en el silencio.

​V. La complementariedad geográfica: la exuberancia de la Ribera y el poderío de la Montaña

​Lejos de configurar un territorio baldío, la orografía del concejo impone una complementariedad productiva radical entre dos mundos que coexisten y se sostienen mutuamente:

  • ​La Ribera (Regadío y Sol): Beneficiada por un microclima de clara influencia mediterránea, permitía el cultivo intensivo de huerta (rianxo), la vid, el olivo frutas de todo  tipo, y las legumbres de ciclo temprano. Estos frutos abastecían con abundancia los mercados locales y la histórica ciudad de Ourense.
  • ​La Penillanura y la Montaña (Soberanía Cerealista y Ganadera): En las tierras altas de Nogueira y Luintra, el paisaje se transforma en una despensa colosal de secano. No estamos ante un suelo de mera subsistencia, sino ante el bastión de una enorme cabaña ganadera y de dilatadas extensiones agrícolas. Al amparo del orballo nocturno, estas mesetas dominaban la producción de centeno, el cultivo del maíz bajo y, fundamentalmente, las grandes cosechas de trigo que garantizaban el pan de la comarca. La montaña aportaba la fuerza de los rebaños y la solidez del grano; la ribera, la frescura temprana del rianxo.

​VI. Las piedras de Ramuín: O Pacio y el Cabildo

​En el corazón de la aldea de Ramuín (hoy sumida en el abandono y devorada por la maleza) resisten dos testimonios pétreos que atestiguan su antigua centralidad jurisdiccional y social:

  • ​O Cabildo (La Casa de la Asamblea): Una imponente edificación de mampostería seca, sin argamasa, donde residió originalmente el poder asambleario civil y vecinal de la comarca.
  • ​O Pacio (El Palacio): Antigua casa solariega perteneciente a la ilustre estirpe de don Alonso Fernández de Ramuín. Su estado de ruina actual, asediado por las zarzas, simboliza el injusto desinterés de una administración que dio la espalda a los núcleos originarios fluviales para priorizar el desarrollo de las mesetas montañosas.
El Grito de una aldea vaciada

​VII. El éxodo del poder y el misterio de los archivos quemados

​La transferencia del poder político desde la ribera hacia la montaña se consumó bajo la sombra de fueros y sospechosos siniestros. Ramuín poseía la primacía histórica, pero el Concejo fue trasladado primero a San Martiño de Nogueira y, posteriormente, a Luintra, impulsado por los privilegios de feria ganadera que otorgaba el Fuero Real a esta última. Luintra acaparó el control administrativo; Ramuín, en cambio, conservó el nombre fundacional y la memoria genética.

​¿Incendios fortuitos o la quema de foros? En la historia social del agro gallego, la destrucción de archivos camuflaba a menudo la resistencia campesina. Los archivos del Monasterio de San Esteban de Ribas de Sil sufrieron pavorosos incendios documentados (notoriamente en 1562-1563 y a finales del siglo XVIII). Coincidentemente, el traslado del consistorio desde la ribera hacia Nogueira y Luintra vino acompañado del extravío y quema de pergaminos esenciales.

​Bajo el opresivo régimen de los foros, los monjes sometían a los campesinos a rentas e impuestos leoninos sobre el vino, el aceite y el pan. La quema intencionada de estos documentos eliminaba el único registro legal de las deudas y el vasallaje. Al igual que en las Revoltas Irmandiñas, la desaparición de los pergaminos representaba la liberación inmediata de la servidumbre feudal.

​VIII. Reividicación de la Rovoyra Sacrata

​La investigación rigurosa de toda la comarca revela que el topónimo mítico original no es el de inspiración eclesiástica «Ribeira Sacra». Nobles de la época premonacal, como la reina doña Teresa de Portugal o el Conde de Traba, dominaban estas tierras de montaña y ribera y sabían perfectamente lo que pisaban. Nunca la llamaron de tal forma en sus documentos originarios. El término auténtico es Rovoyra Sacrata, en alusión directa a los sagrados, inmensos y milenarios robledales (reboleiras) de la selva iberoatlántica que cubrían la comarca antes de la deforestación agrícola y la ordenación monástica.

​Sentencia y cierre

​Exigimos la conservación física, histórica y de memoria de la aldea de Ramuín, hoy injustamente vaciada. Su abandono es el reflejo de políticas que prefirieron los mitos románticos a la realidad empírica del paisaje, la arqueología, la rica biodiversidad perdida y el ADN. Nuestra herencia resiste en la solidez de la mampostería seca, en las laderas que un día vistieron de verde los bosques de la Rovoyra Sacrata, y en la sangre ibera que late con orgullo ribereño.

​Por la Verdad, por el Pacio y por la Memoria de la Ribera.

​DEDICATORIA INSTITUCIONAL: A la memoria de los antiguos pobladores de estas riberas, custodios eternos de nuestra piedra y de nuestra sangre. Que este memorial permanezca como testimonio inalterable de nuestra verdadera identidad para las generaciones futuras, y que el Excelentísimo Concello de Nogueira de Ramuín guarde, proteja y honre esta crónica contra el abismo del olvido.

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