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Mi gran descubrimiento

Mi gran descubrimiento – Laura Vila, Matrona residente.

A lo largo de toda mi vida y, sobre todo, a lo largo de mi formación como enfermera, fueron muchos los momentos y las personas a las que escuché decir que “ser matrona es la profesión más bonita y gratificante que existe”. Pero no fue hasta mis prácticas de enfermería que pude comprobarlo.

Recuero la primera vez que estuve en un parto y el caos que lo rodeaba. En paritorio, la gente de una lado al otro y yo sin el conocimiento de que se trataba de una urgencia médica, lo cual me hizo plantearme qué tan cierta era aquella famosa frase. Probablemente me hubiese quedado con una impresión errónea si dos días más tarde una matrona maravillosa no me hubiese permitido poder ser parte de un momento mágico. Digo mágico porque así lo fue para mí.

La antítesis de lo que había presenciado en aquel paritorio se presentaba como una dilatación tranquila, con luz tenue. Únicamente se percibían las respiraciones de la futura mamá escuchando a su cuerpo, apoyada en su marido en el suelo. En un rincón, la matrona y la alumna siendo meras espectadoras de algo tan maravilloso como el nacimiento de un bebé sano recogido por los brazos de su madre.

Mi gran descubrimiento

Más tarde sabría que aquel sentimiento tan maravilloso que reflejaban los ojos emocionados de aquellos padres y que había provocado en mí tal impacto, se llamaba “subidón de oxitocina”.

Ese día salí de allí, cerré los ojos y pensé en lo que me encantaría poder desempeñar mi papel como profesional de ese modo y comencé a indagar. El primer paso era acabar mi carrera como enfermera y una vez conseguido mi título como Graduada en Enfermería, acceder a una prueba de acceso para ser enfermera especialista, al temido examen EIR (Enfermero Interno Residente). Digo temido porque no es un simple examen, es una oposición a la que se presentan miles de personas para todavía muy pocas plazas. Su preparación implica y en mi caso implicó, grandes sacrificios e incluso renunciar a momentos con la familia y amigos, compaginando el estudio con el trabajo de enfermera.

Un año largo y difícil

El año de preparación del EIR lo recuerdo como un año largo y difícil, sobre todo a nivel emocional, en el que hubo momentos muy duros en los que me planteaba si realmente quería aquello o si sería capaz de conseguirlo. Siempre estaré agradecida a mi familia y a mis amigos por la confianza plena que en todo momento depositaron en mi y que no permitió que mirase atrás en ningún momento. Hay una frase que me gusta mucho que dice “es necesario hacer de la vida un sueño y de un sueño una realidad” y ese sueño para mi se hizo realidad un 25 de abril de 2019, día en que conseguí mi plaza de enfermera residente de obstetricia y ginecología, comúnmente conocido como matrona, después de haber superado el examen dos meses antes.

Mi gran descubrimiento
Mi gran descubrimiento

A partir de aquel entonces, empecé mi andadura como residente, en la que fui creciendo como persona y como profesional día a día y en la que descubrí que el trabajo desempeñado por una matrona era aún mejor de lo que yo me esperaba, si es que era posible. Descubrí que la matrona hace mucho más de lo que tradicionalmente se cree.

Acompaña a la mujer a lo largo de toda su vida reproductiva, en su papel en atención primaria, el más desconocido quizás. Realiza consultas individuales sobre anticoncepción, lactancia, suelo pélvico, cribado de cáncer de cérvix, sexualidad o seguimiento de embarazo, y colectivas como clases de preparación prenatal o postparto.

No hacemos partos, acompañamos partos

En el medio hospitalario su trabajo no queda asociado al momento de la dilatación y el parto; dentro de sus competencias se encuentra también la atención al postparto inmediato y la lactancia en las plantas de hospitalización, ámbito en el que todavía toca luchar en muchos hospitales para que sea la matrona la figura de referencia en estos cuidados.Descubrí que no hacemos partos, acompañamos partos.

Es la mujer la que pare a su bebé y nosotras estamos para acompañar y ayudarla en todo el proceso, contribuyendo de la mejor forma posible en uno de los momentos más importantes de su vida. Por ello, uno de los papeles principales de la matrona es crear una relación de confianza, empatizar, conseguir que la mujer se sienta cómoda en un ambiente que de primeras es extraño y hostil, como es el medio hospitalario.

Por último, descubrí que también existen momentos muy duros en esta profesión, en los cuales nuestro apoyo debe seguir siendo el mismo para esas familias que lo necesitan, sin deshumanizar ninguna conducta o situación.

Ser matrona es un estilo de vida que lo engloba todo, no somos un colectivo secundario, sino que tenemos mucho que aportar a la sociedad y a la sanidad. Trabajamos con mujeres a lo largo de toda su vida y en uno de los momentos más especiales para ellas.

Por todo esto y mucho más, a pocos días de finalizar mi formación como especialista, soy yo la que ahora puede afirmar, por la experiencia de estos dos magníficos años que me han aportado tanto profesional y personalmente, que ¡Tengo la profesión más bonita del mundo!

Laura Vila Ferreiro – Matrona residente de segundo año en CHUO.

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